CARLOS CAJADE:

"La generosidad de la gente nos está cuidando"

La obra realizada por el Padre Carlos Cajade en favor de los chicos más necesitados de amor, comida y esperanza, ha traspasado las fronteras y ha ganado el reconocimiento de todos. Radicado con su Hogar en el sur de nuestra localidad desde hace años, trabajó de manera incansable al servicio de su vocación. Por ese motivo y ante la dolorosa e irremediable pérdida que todos sufrimos con su fallecimiento el día 22 de octubre de este año, decidimos recordarlo reproduciendo parte del reportaje que le hiciéramos en el mes de marzo de 2003 para esta misma sección de Villa Elvira y su Gente.

“Yo nací un 2 de mayo de 1950 en Ensenada, pero desde muy chico nos vinimos a vivir aquí a 122 y 64. Nací ahí, en Ensenada, porque mi papá todavía estaba construyendo esta casa, en la cual me crié, y donde está la imprenta ahora”.

De la infancia recuerda mucho los grandes partidos de fútbol de los barrios. “Como soy cinco años más chico que mis hermanos mayores, ellos lo vivieron más que yo, pero yo lo viví de todos modos siendo el más chico, los grandes campeonatos que se hacían entre el club Villa Elvira, el club Indarg, América... Había una pasión futbolera terrible entre los barrios. Ganar en un campeonato en Villa Elvira era muy difícil. Esos campeonatos eran muy grandes, muy populares. Ir a jugar a Villa Elvira una final, no era fácil volver con el triunfo y sano. Era bastante bravo digamos. Creo que se recuerda como un folklore muy lindo porque tampoco había tanta violencia como hay ahora. Nadie corría peligro de muerte, pero sí eran rivalidades muy fuertes”.

LA ESCUELA Y LOS AMIGOS

Si bien hizo sus primeros años en la Anexa, tiene los más gratos recuerdos en la escuela de su barrio. “Hoy casualmente había una nenita que no quería ir al Jardín, y yo le decía a la educadora de mi casa que todos tenemos nuestra manera de ser. Cuando yo era chiquito tampoco me gustaba y me mandaban al Jardín desde los tres años y pico a la escuela Anexa al lado del colegio Nacional, y en ese tiempo no se iba al jardín tanto tiempo. Había muchos que directamente ingresaban a primer grado y no le hacían ningún problema. En la Anexa hice hasta cuarto grado y después cuando fallece mi papá sobre fin de año, arranco quinto ya en la escuela del barrio, en la Nº 8 Martín Güemes. Yo soy un tipo que le doy mucho valor a lo humano y lo científico lo complemento con lo humano, y en realidad la escuela Anexa no me dio tantas alegrías como me dio la escuela de barrio, porque acá estaban todos mis amigos con los que uno jugaba al fútbol, con los que había aprendido a tocar la guitarra, con los que estaba todo el día en el barrio. Mi mamá decía por qué vos sos de todos tus hermanos el que no anda tan bien en la escuela, en la Anexa. Y yo recién ahora entiendo: era una escuela muy cientificista en aquel momento con quince materias en tercer grado, y yo naturalmente privilegio lo humano. Entonces acá en el barrio me sentía como un pez en el agua y lo pasé de taquito, había un clima humano que respetaba más mi forma de ser”.

EL LLAMADO DE DIOS

Sin dudas ese chico de barrio cambió su vida cuando decidió estudiar para sacerdote. Cursó en el seminario de La Plata ocho años: un año en el Seminario Nuestra Señora de Luján en la calle 149 entre 62 y 64 y después siete años, tres de filosofía y cuatro de teología en el Seminario Mayor San José.

“El llamado a ser sacerdote no depende de uno –nos explica-, ni de las virtudes ni de los defectos, depende de Dios. Mamá siempre decía que si ella fuera Dios, de todos los hermanos, al último que se le hubiese ocurrido elegir era a mí, por los trastornos que le provoqué especialmente en la adolescencia, que fui muy rebelde. Se ve que te eligió Dios, me decía. Una vez yo le fui a comentar al sacerdote de mi parroquia y él me dijo que dejara pasar el tiempo, que si es de Dios la cosa va a florecer y sino será un entusiasmo. Y se ve que fue de Dios porque fue mas fuerte que yo, incluso le gambeteé un poquito al tema porque estaba de novio y costaba mucho trabajo pensar que iba a tener que hacer una vida célibe. Pero fue mas fuerte y siempre digo que cuando entré al seminario me sentí muy bien y de ahí en más fue una vocación muy definida como pastor”.

Cuando se ordenó sacerdote, siempre estuvo en La Plata, pero no dejaba de lado conocer otras experiencias. “Soy sacerdote de la Arquidiócesis de La Plata, pero tuve una linda experiencia yendo unos veinte años como misionero a Neuquén durante las vacaciones. Ya cuando era seminarista iba, porque todo el tema de la pobreza fue siempre como parte esencial de mi vocación, el tratar de servir a la dignidad de los más pobres. De hecho la Iglesia fue la que me formó en esto, no es que yo lo aprendí en otro lado, lo aprendí en la Iglesia: Que uno tenía que estar al servicio de los más humildes, que Jesús había nacido en un pesebre y que éramos sencillos y que teníamos que hacer una Iglesia muy fuertemente sobrenatural, pero muy humana. Entonces todos esos ideales que uno ha tenido en la juventud, después los ponía en práctica. Una de esas cosas que hice durante muchos años fue ir a Neuquén donde había misiones con los Mapuches. Ahí me hice de muchos amigos como el Padre Mateo, tipos muy sacrificados, salesianos que viven en las montañas y que muchas veces corren peligro de muerte por los fríos. Después conocer a Monseñor de Nevares que para mí fue un Obispo que tenía mucho caudal humano. Un hombre que peleaba por los derechos humanos, que para mí siempre fue una lucha en deuda. Digamos que la Iglesia no digo como protagonista primera, pero sí acompañando a la gente en la defensa de sus derechos. Aprendí mucho de esos lugares y después trabajé mucho acá en los barrios en la Parroquia Santa Rosa de Lima, con un padre que se llamaba Apo. Acá también en la Parroquia San Miguel Arcángel en donde estaba el párroco que me mandó al seminario, el padre Laureano Diez, a quien hace poco lo acompañé en la inauguración de una capilla, porque sigue inaugurando. En toda esta zona de Villa Elvira tenemos un trabajo grande”.

Sobre su formación espiritual nos explica: “Yo le dedique mucho tiempo a mi espiritualidad, le dedico mucho tiempo a lo de adentro. A la noche tarde, muy tarde, cuando estoy solo, camino. Cuando todo el mundo se fue a dormir yo me recompongo por dentro. A veces me dicen que soy un cura que no parece un cura, pero en realidad es porque me siento más cómodo así, por la misión que yo tengo con los pibes y todo lo demás, ya que no hay que olvidar que todo uniforme asusta un poquito al pibe y lo distancia de la vida espiritual”.

SU IMPORTANTE LABOR

Como explica el propio Cajade, fue el fruto de todos sus ideales, de unir lo humano con lo divino, lo que un día lo hizo desembocar en esta obra de ayuda a la infancia. “A mí me habían mandado a la Catedral –recuerda- y después me enteré con el tiempo que era para protegerme un poco porque yo me ordené en el año 1979, y todos los que trabajábamos en lo social éramos víctimas de desconfianza. Entonces en aquel momento me llevan a la Catedral y estuve trabajando unos años ahí. Para tener un sueldito me mandaron de capellán a un instituto de menores. Allí aprendí a ver lo que era la infancia hija de la pobreza. Chicos encerrados en institutos de menores únicamente por haber nacido pobres, porque había un siete por ciento que había cometido delito. En aquel momento empecé a entender porque esa niñez que había nacido veinte cuadras más allá de donde había nacido yo, ya tenía un camino delimitado para terminar en Olmos, ya que normalmente el 82 por ciento de los reclusos de Olmos son chicos derivados de institutos de menores. Que misterio el de la pobreza que te encarcela ya desde chiquito y termina casi indefectiblemente ahí. Siempre hay un santo que sale, pero es la excepción que confirma la regla”.

Sensibilizado por esa realidad, decide comenzar a hacer algo por ellos. “Me empecé de lleno a meter en ese mundo y entonces a partir de una Noche Buena del año '84 cuando encontré un grupo de pibitos que andaban en la calle, me empecé a hacer amigos de ellos y entonces toda esa vocación sobrenatural y humana la canalicé por medio de la evangelización relacionada con el pibe que andaba por la calle. Y ahí empezamos a hacer esta obra. Con el grupo de jóvenes, muchos de los cuales hoy viven en casa con sus familias, atendíamos a contra turno de la facultad de ellos, a estos pibitos. Con el tiempo yo pido en Berisso si existía la posibilidad de encontrar un terreno o algo porque la parroquia me quedaba chica y tenía trece chicos viviendo ahí, y me salió un lugar allá por 643. Fui, lo ví, a mí me hubiese gustado allá por Los Talas pero en ese momento no sé que conflicto había que no me podían ayudar a comprar, y al final termino consiguiendo el dinero por la Provincia y comprando en 643. Era un lugar con una casita que el hombre no había terminado porque había muerto, entonces la viuda no había querido ir más. Tenía una linda arboleda, un lindo terreno de dos hectáreas y media y la casita sin terminar, sin luz, sin agua, sin gas. Entonces nos fuimos a vivir ahí. El entusiasmo hizo que superemos las dificultades fuertes, dificultades de infraestructura, de agua, la llegada de chicos muy callejeros que de entrada nos había hecho una fama media difícil”.

Si bien en un primer momento hubo cierta resistencia por parte de los vecinos de la zona, la cosa fue cambiando y el Hogar de la Madre Tres Veces Admirable pudo cumplir con su misión. “La discriminación siempre existe. Lo que pasa es que a nadie le gusta tenerlos cerca de su casa, ni cerca de sus hijos. Todo el mundo se compadece con el pibe que está en la calle, pero si hacen un hogar cerca de tu casa, nadie quiere. Yo entendía a la gente y en algunos momentos hasta nos trató de sacar de ahí, pero con el tiempo la misma gente se fue haciendo amiga de los chicos. La escuela los recibió con mucho cariño”.

UNA SALIDA LABORAL PARA LOS CHICOS

Además de sacar a los chicos de la calle, el hogar se encargó de buscar salidas laborales para que ellos puedan formarse a través del trabajo. “De a poco fuimos consiguiendo la posibilidad de trabajar. Una institución suiza nos compró una chacra, entonces aprendimos a hacer el repollo, los tomates y aprendimos a trabajar y a ganarnos el pan y ahí empezamos con los emprendimientos productivos que hoy tienen la imprenta, un buffet, un montón de trabajo... Estamos empezando también con una especie de panadería en donde se hacen más de cien docenas de facturas. Vimos el tema del trabajo como posibilidad de futuro para el niño que venía de la calle. No hay que vivir solamente de la misericordia, sino del trabajo nuestro. Además ayudamos en los barrios, porque nosotros crecimos. Tenemos comedores y todas esas cosas y lo religioso, porque yo sigo enamorado de mi vocación. Primero éramos los miserables del barrio y después como el país bajó, nosotros estábamos mejor que muchos jóvenes del barrio. Entonces empezamos con las casas de los bebes, de los niños, todo para ayudar a la gente de afuera que estaba peor que nosotros. Ahora vamos a inaugurar esta capilla San José en Arana que es el fruto del trabajo de mucha gente, lo que me hace muy feliz”.

Actualmente el Hogar tiene la huerta que está funcionando bien, la gráfica Grafitos, Cultivos Naturales que vende verduras a domicilio, se están haciendo más de cien docenas de facturas en la casa del niño de Los Hornos, posee un kiosco en el Senado y un buffet en la Gobernación. “Los chicos aprenden mucho, que es lo que a uno le da satisfacción. Sembrar en la infancia es sembrar con presente y sembrar con futuro. Todo es fruto de esos ideales que nos sembró a nosotros una Iglesia muy humana y muy solidaria, experta en humanidad decía Pablo VI”.

Sobre los duros tiempos que atraviesa nuestra sociedad, Cajade nos señala que “a veces no es regional el problema, sino nacional y hasta te diría que tiene mucha influencia mundial, porque la globalización los aprieta a los países pobres. A nivel nacional la pobreza se incrementó, es una cosa muy delicada, muy grave. Nosotros que estamos metidos en el tema infancia, la pobreza ha aumentado muchísimo en estos últimos diez o doce años y todo lo que pasó ha hecho que la pobreza se incremente y pega mucho en la infancia. Nosotros estamos tratando de hacer lo posible en la región y vemos que hay mucha solidaridad con gente que abre comedores, que ayuda. A mi me llamó la atención que a fin del año pasado, el año más pobre de la historia de este país, nosotros nunca pasamos una Navidad tan llena de cosas. Fue una Navidad que no nos faltó nada. Tuvimos para repartir. Eso es fruto de que la gente dejó de mirar para el primer mundo y empezó a mirar para el tercer mundo, que es la realidad nuestra. Creo que de ahí tenemos que empezar para reconstruir todo. La generosidad de la gente nos está cuidando mucho y eso lo tenemos que agradecer”.