CARLOS CARAMES:

UNA MIRADA A LOS COMIENZOS DEL BARRIO

CaramesEl repasar los comienzos de la vida de un barrio implica detenerse en esos pequeños detalles que solo los memoriosos coleccionan. Recuerdos que nos muestran que los barrios crecen por el esfuerzo de sus vecinos.

Por eso recurrimos a un “memorioso” como Carlos Caramés, quien vino a Villa Elvira desde muy chico cuando corría el año 1931. Aquí nacieron sus hijos y sus nietos.

“En ese entonces cuando vinimos, eran todas las calles de tierra y era un desierto. No había nada de nada. Por la calle 120 hasta la calle 80 se podían contar unas 40 casas. Había mucha más gente del otro lado de la 72 pero no mucha más”, recuerda.

En los primeros años costaba muchísimo avanzar. “Cuando se hace la calle 122 por el año 40, –señala- todo el tráfico se iba por la calle 122. Entonces la 120 que era el camino real primitivo, que estaba todo enconchillado, cuidadito porque era el camino por el que viajaban a Magdalena, se usó para que pasen las tropas de ganado y se empezó a deteriorar y a convertirse en un pisadero. No había forma de entrar”.

Para transformar ese desierto hubo dos hechos significativos: la organización de los vecinos para trabajar por el barrio y la plantación de árboles, que cambió la fisonomía de la zona más antigua del barrio.

EL CENTRO DE FOMENTO VILLA ELVIRA

Como iniciativa de los vecinos de la zona se funda un 17 de agosto de 1938 el Centro de Fomento Villa Elvira. Hasta ese entonces existía un club deportivo que se llamaba Defensores de Villa Elvira, en el cual se hacía fútbol nada más y algunas reuniones de jóvenes. “Pero en el barrio había necesidades por cumplir: no tenía pavimento, no tenía luz ni zanjas. O sea que todas las necesidades edilicias estaban por realizarse. Entonces se decide hacer desaparecer el Club Defensores de Villa Elvira y transformarlo en Centro de Fomento”.

En ese entonces Carlos Caramés tenía unos 16 años y su papá Manuel Caramés era el Secretario del flamante Centro. El presidente era don Juan Bidondo y se integró en la comisión a todos los vecinos que armaron el centro. “Si había 100 personas, se ponían 100 vocales. La idea era que participaran todos y trabajaran todos”.

A pesar de no tener un lugar de ubicación,  ni bien se formó comenzó a peticionar para solucionar los problemas del barrio. “Antes los lugares de encuentro eran los boliches de barrio, despacho de bebidas, almacenes. Entonces acá había un almacén en 74 y 120 llamado “El Descanso” de Vicente Ribelli, y ahí venía  a ser el centro social donde iba toda la muchachada y la gente grande, que se reunían y de noche se conversaba. Allí es donde nace la idea de la formación del Centro de Fomento. Las primeras reuniones se hicieron en lo de Juan Bidondo en un almacén que estaba en 74 y 122 y en la casa de Juan Herva. También en una carnicería que estaba en 120 entre 73 y 74. Después don Luis Risso que tenía una galería larga de mas o menos 4 metros por 20 o 30 de largo nos la prestaba para los bailes”.

Finalmente, Orfini presta su casa. Sacan la pared medianera que dividía dos habitaciones, y allí hicieron el saloncito de baile que tendría unos 10 metros por 5. Tenían un bufet y al lado se hizo una cancha de bochas. Además, los más jóvenes iban a jugar al sapo y tomar una copa y a las 10 de la noche ya se terminaba la actividad y cada uno se iba para su casa.

“Emma y el esposo deciden donar el terreno de al lado y todos los pibes se ponen a trabajar e hicieron una pista de baldosas de 10 por 20 metros. Hicieron un tablado para cuando venían orquestas, y entonces empieza a funcionar allí. En ese terreno grande que era en total de 20 por 30, se hicieron las primeras quermeses del barrio”.

LA PLANTACIÓN DE ÁRBOLES

Muchas veces pasamos por la avenida 72 y vemos eucaliptus de 30 metros y gran cantidad de especies de árboles. Carlos Caramés fue parte de aquella cruzada que tenía como meta crear un pulmón verde que oxigene una zona desértica.

La plantación de árboles nació en una idea del Dr. Nicodemo Scena alrededor del año 50. La idea era forestar la zona porque todos eran terrenos baldíos, potreros sobre calles de tierra donde tiraban la basura. “Venían del mercado a tirar los desechos, –recuerda- y tiraban la pastina de las fábricas de mosaicos. Toda la 72 era para eso”.

“Un buen día el Dr. Scena vino y habló con los vecinos, entre los que estaba yo para hacer una comisión pro parque avenida 72. Se trajo una aplanadora, se niveló el terreno, se limpió la basura, y un buen día se plantaron un montón de árboles, un día sábado fue. Y nos pusimos todos los vecinos a hacer la plantación, y plantamos un montón de árboles”.

Si bien esa primera plantación fracasó, porque se pusieron 200 árboles y de esos habrán quedado 10, volvieron a insistir, y formada la comisión juntaron dinero para comprar plantas. “Y compramos ombúes, pinos, eucaliptus. Si bien quedaron muchas más que la vez anterior, los caballos, los chicos que jugaban al fútbol los rompían. Por eso un buen día fuimos a la Dirección de Vialidad y lo interesamos al Ingeniero Petri. El ingeniero alambró todo el espacio de 115 hasta 120 y puso un cuidador para las plantas. Allí se colocaron nuevas plantas en hilera para  que el carrito regador pudiera pasar entre medio y echarles el agua. Como estaba alambrado, los árboles crecieron y en tres o cuatro años ya habían tomado altura”.

La misma experiencia se repitió en 120 y en otros lugares de La Plata como en la zona del Cementerio, Diag.73 y 31, avenida 32 de 120 a 31 y 120 de 32 a 38. Si bien las críticas fueron muchas, la meta se cumplió.

Actualmente, Caramés está aportando su experiencia y trabajo en la Junta Comunal de Villa Elvira. Además está haciendo una revista llamada “El Satélite” junto a unos chicos muy entusiastas que quieren rescatar un poco la historia de los barrios, y sigue con su programa de radio por FM Universal todos los sábados desde las 18 horas.

Ahora está haciendo la historia del barrio, porque piensa que “el día que yo me muera nadie sabe nada. No hay nadie que se interese por conocer el pasado de su comunidad. A veces me río porque dicen que Caramés sabe de todo, y les digo que no sé nada. Yo soy igual que todos, lo único que hago es recordar las cosas. Pero todo lo tengo en la memoria. De ahí la necesidad de escribirlo para que quede para las futuras generaciones una parte de la historia de Villa Elvira.