JOSE MARIA ROSALES:“ME ENAMORE DE VILLA GARIBALDI”.
Nació un 25 de marzo de 1922, y pasó sus primeros años de vida en el campo. “Mi viejo tenia campo en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Era caudillo radical y tenía dos diarios, Libertad y otro que no recuerdo... Cuando viene el golpe del año 1930, la vida de mi viejo corría peligro, entonces nos vinimos a La Plata. Aquí cursé en el Colegio Nacional en la época de oro de ese colegio, con profesores de excepción. Luego estudié abogacía, y en esta etapa tuve algunos tropiezos de carácter político que influyeron fuertemente sobre mí”. Finalmente se recibió como abogado retomando los estudios después de quince años, especializándose en problemas laborales. “Trabajé como abogado de la CGT en Quilmes, -recuerda Rosales- y por problemas de salud tuve que dejar ese trabajo. Cerré mi escritorio, vendí mi casa y regresamos a La Plata, donde ingresé como funcionario en Fiscalía de Estado. Como este trabajo me dejaba mucho tiempo libre, entré en el Instituto de Teología donde estudié profesorado en teología. Parte del estudio lo hice en el Instituto y parte en el Seminario Mayor. En el año 73 o 74, Monseñor Plaza me llama con la idea de ordenarme diácono”. Este hecho significó un importante cambio en su vida. Al respecto nos explica con toda claridad: “Cada diez años en mi vida he experimentado cambios profundos. En una oportunidad me fui del Trotskysmo más extremo al catolicismo. Yo tengo una característica psicológica especial: soy un converso. Para el converso es un cambio total y absoluto en la vida. Yo salí del extremismo por una crisis filosófica muy profunda. Primero porque eran todos métodos anormales. El extremista es un psicótico o un esquizofrénico que divide las cosas, por eso es extremista. Pero todos los procesos necesitan de un tiempo. Un feto dentro de la madre debe estar 9 meses, si está más o menos tiempo se muere. Los procesos biológicos y sociales también llevan su tiempo. De manera que cuando se quiere transformar la sociedad, esos cambios y nuevas estructuras se van a dar con su tiempo y ritmo natural”. UN AMOR A PRIMERA VISTA Siendo una persona criada en el campo, Rosales encontró un lugar rural y alejado del “ruido de la ciudad” que lo cautivó a primera vista. “Hace unos años sufrí una profunda crisis, me hastié mucho de la estupidez del ser humano. En ese momento renuncio a mis cátedras en la Universidad, renuncio a mis cargos en el instituto de teología y renuncio a mis cargos en la Curia, donde era defensor del vínculo y juez eclesiástico, y me vine aquí a vivir a Villa Garibaldi buscando un reencuentro con lo esencial y lo sustancial del ser humano. Aquí me encuentro con la naturaleza, con el cielo, con el sol, con las plantas, con todo eso”. En ese entonces, Villa Garibaldi estaba detenida en el tiempo, olvidada. No había pavimentos. “El camino a Ignacio Correas era todo barro y un gran zanjón y la 22 peor todavía”. LA CAPILLA SAN PEDRO La Capilla San Pedro data de comienzos de 1900, levantada en tierras que donó Pedro Fogliatti para este fin. Si bien es cierto que es un templo histórico, durante mucho tiempo estuvo cerrada al público, levantándose y abandonándose varias veces. Con la llegada del Padre Colabella en el año 1974, se reabrió y reconstruyó el templo, pero tras su muerte se volvió a cerrar. Respecto de su llegada a la Capilla, Rosales nos cuenta: “En una oportunidad la señora Grazia Coraggio me dice mirá hay una capilla que está tirada y abandonada. Y según mi idiosincrasia especial me fui caminando hasta allá, busqué las llaves y me metí sin que nadie me designara nada. Desde ese momento estoy al frente de la Capilla”. La tarea fue difícil. “Cuando yo llegué a la capilla había 30 cuadras de barro que teníamos que hacer muchas veces bajo la lluvia con la Señora Grazia Coraggio y mi esposa. Los yuyos tenían casi un metro y cubrían toda la entrada. Ahí empezamos a limpiar y comencé yo a hacer la celebración de la palabra, bautismos y casamientos, sin que en ese momento nadie me lo autorizara. Desde entonces empezó a crecer, a pesar que la gente del lugar era muy dura de ir a la Capilla. Muchas veces nos preguntábamos con las dos o tres personas que íbamos si se justificaba tremendo sacrificio. Muchas veces, altos funcionarios de la Iglesia me ofrecieron volver a trabajar al centro de La Plata, yo vivía a dos cuadras de la Catedral, pero yo tenía una espina muy profunda: ya me había enamorado de Villa Garibaldi. Y esos amores a primera vista, tan profundos, no se podían abandonar. Entonces me quedé e insistí. Empecé a trabajar duro y de a poco se fue acercando la gente y hoy hay conformado un grupo de laicos que tienen una especial característica: su compromiso con la Capilla, con la Iglesia y con la zona. Y estos laicos y una cantidad de amigos, de conocidos de la universidad y algunos egresados del colegio nacional, todos profesionales. Por eso la Capilla en cierta forma se transforma en un centro de irradiación para la zona. De allí salen las sociedades de fomento, por la fuerza misma de la gente, que en definitiva son los verdaderos hacedores de todo esto”. ACENTUAR LA PRESENCIA DE LA IGLESIA La Iglesia cumple sin dudas un importante papel en el progreso de una comunidad. Sobre este tema, Rosales nos señala: “Lo que se necesita aquí es que la Capilla sea una extensión de la Iglesia para transformar a la gente y lograr la conversión y la presencia de la Iglesia Católica Apostólica Romana en la zona. La capilla es un encuentro comprometido y profundo con Cristo, cumpliendo con un mandato fundamental que Cristo nos dejó: Ama a Dios por sobre todas las cosas y a tus semejantes como a ti mismo. Y una de las formas de cumplir con la segunda parte del mandamiento de Cristo se tradujo en Cáritas, en sociedades de fomento y en cursos de formación profesional”. "En una época, - continúa Rosales- recorría toda la zona caminando, a caballo o en sulky, ahora ya esas cosas no las puedo hacer. Entonces se armó una comisión de laicos que es la encargada de llevar adelante el cometido de la Capilla, expandiendo la fe a través del amor y de obras. Por eso mi compromiso con las sociedades de Fomento, por eso mi compromiso con la Delegación y la Junta Comunal. La Iglesia debe estar encajada en el ambiente”. PROYECTOS PARA EL FUTURO De cara al futuro, la Capilla está inaugurando una nueva etapa. “Primero, mantener el servicio de Cáritas que funciona muy bien repartiendo ropa y comida para la gente del barrio, con ayuda de la Provincia, de la misma Cáritas y del Consejo del Menor y la Familia. Pero al pobre o al necesitado no hay que darle pescado sino enseñarle a pescar. Por ello estamos en la tarea de reinstalar a comienzos del próximo año, los cursos de formación profesional que ya tubo un gran éxito en la Capilla hace un tiempo, porque todos los egresados de esos cursos trabajan bien en la actualidad. A la gente de zonas como la nuestra, que no son ni rural ni urbanas, ya que somos una zona semi rural, hay que enseñarle profesiones y darle una reeducación propia de ambientes urbanos para que se inserten en el mercado laboral. Eso se logra a través de los cursos. Para ello contamos con el gran apoyo del Centro de Formación Profesional Nº 401 de Berisso, cuyo director es el Señor Lamolla”. Otro proyecto, llevado a cabo por la Capilla y el Centro de Fomento Villa Garibaldi, tiene como meta la creación del Museo de Villa Garibaldi. Este museo estará situado en la Capilla San Pedro, en calle 22 y 652, y tendrá paralelamente una página en internet para que puedan visitarlo en forma virtual desde diferentes puntos del país y del mundo. La idea es poder reconstruir la rica historia del lugar, mostrando a sus visitantes aspectos de la fundación de la Villa, como así también información detallada sobre el monumento a Giuseppe Garibaldi, único testimonio que queda en pié de la fundación, y sobre la Capilla San Pedro que data de comienzos del siglo XX. Un ala será dedicada a don Emilio Morales Gauna, fundador de Villa Garibaldi, de quien llevará su nombre el museo. “Nuestra idea es recuperar la rica historia de esta zona sur, -nos señala Rosales- pero vamos a empezar despacito, humildemente, reconstruyendo la historia de Villa Garibaldi a través del museo y luego expandir y profundizar este proyecto para hacer un centro de investigación y archivo histórico”. MEJORAR EL ASPECTO EDILICIO DE LA CAPILLA La Capilla San Pedro fue erigida en un momento histórico en que había poca concentración poblacional, ya que en su mayoría era una zona de quintas. Ahora la capilla necesita más espacio para que funcione Cáritas, comodidades para que se dicten los cursos, para el funcionamiento del museo y para que se desarrollen las actividades pastorales propias de una capilla moderna. Para ello, se gestionó desde hace muchos años, subsidios para mejorarla. Sobre el tema, Rosales nos explica: “Ante la falta de respuestas, empezamos por nuestra cuenta a recaudar dinero y materiales para hacer un campanario, un atrio para la entrada con el fin de cortar el viento que viene del sur oeste, y en el fondo hicimos con un gran sacrificio personal, juntando moneda por moneda, y se recicló las viejas instalaciones para construir un salón parroquial y la sacristía”. "Para realizar más obras y poder mantener la Capilla, -continúa Rosales- se hizo un pedido de subsidio a la Provincia, la cual a través de la Dirección de Arquitectura hizo un proyecto que no conformó a la comunidad de Villa Garibaldi, ya que reducía el espacio físico de la Capilla. Preveía retirar el atrio que frena el viento y hace habitable la Capilla en el invierno, porque no estaba en el plano original de construcción de la Capilla y no era acorde con el estilo general de la misma. También preveía sacar el campanario que pusimos y hacer al lado una torre. Además, quitar el salón que hicimos en el fondo con tanto sacrificio. No podía permitir que por mantener un estilo de construcción más o menos depurado, la Capilla no cumpliera sus funciones actuales. Mientras se discutían estos temas, se viene toda esta complicación económica. Para el presupuesto del año 2000 había 130 mil pesos para restaurar la Capilla, pero ante esas diferencias se paró todo y el Arzobispado designó una arquitecta para estudiar el caso. Luego del recorte, creo que en este momento es difícil contar con ese dinero. Me sorprende lo que salió en el diario El Día recientemente sobre un subsidio para la Capilla porque en cierta forma esta es una vieja noticia. El presupuesto del 2001 no está todavía confeccionado, no llegó a la Legislatura. Con los funcionarios de la comisión de presupuesto que yo he hablado, me manifestaron que ante la actual situación, este subsidio no va a salir, y que eso es una invención periodística”. Frontal, muchas veces polémico, seguro de sus profundas convicciones religiosas, el Diácono José María Rosales no baja los brazos a pesar de sus casi 80 años y sigue con ganas de trabajar para la comunidad. Por ello hace una apuesta al futuro: “La capilla tiene que seguir adelante con Diácono o sin Diácono. La obra tiene que seguir”. |

Con 79 años de edad, el Diácono José María Rosales trabaja incansablemente por su querida localidad de Villa Garibaldi, llevando la palabra de Dios a los habitantes de la zona y promoviendo y apoyando proyectos que hacen al progreso del barrio.