MAURICIA TERRUSI

UN SÍMBOLO DE IGNACIO CORREAS

Mauricia TerrusiNacida en la provincia de Corrientes, Mauricia Angela Terrusi vino desde muy chica a vivir a Ignacio Correas, lugar donde formó su familia y trabajó toda su vida en la quinta. Haciendo frente a los golpes que muchas veces nos da la vida, la “Ñata” como se la conoce en Correas, supo luchar y salir adelante, siendo un ejemplo para todos aquellos que tienen la suerte de conocerla.

“Yo vine en el año 49 de Monte Caseros, Corrientes, junto con mis padres -recuerda-. Yo soy nacida en Monte Caseros, criada un poco en Chajarí y después me vine para acá a los doce años. Nos vinimos directamente a Correas, porque mi papá vino a cuidar un monte de frutas de ciruela y durazno”.

EL TRABAJO EN LA QUINTA

A fines de la década del cuarenta, la vida en el campo era dura pero el trabajo rendía mas frutos que los que rinde actualmente. Si hoy en día se hace duro acceder a Ignacio Correas por el mal estado del camino que la une con La Plata, no es difícil imaginar como era el panorama hace cincuenta años. “Correa era todo campo –nos cuenta Mauricia-. Cuando nosotros vinimos la escuela 108 todavía no estaba, ya que se inauguró en el año 51. La escuela era en ese entonces de un solo aula y estaba ubicada en donde ahora tiene el almacén mi hija  en la esquina de 30 y 697. Eramos poquitos chicos. Cuando la escuela se traslado a mitad de año al lugar donde está actualmente, ya no pude seguir más porque mi padre me dijo que no, que había que trabajar y ayudarlo a él porque éramos muchos..., así que ya desde los doce años empecé en la quinta”.

Un día conoció a Juan Pedro Romero, con quien se casó y formó una familia: “me casé con un correntino también y ya nos quedamos definitivamente en Correas. Mi papá se fue a vivir a Arana y nosotros nos quedamos a cuidar la quinta. Mas adelante compramos un lote sobre la calle de entrada y de a poquito fuimos haciendo la casa, trabajando siempre en quinta. En esa época la quinta no era lo que es hoy. Con la quinta me hice mi casa. Antes plantábamos papa y mucho alcaucil y con eso un año compramos un camioncito, el otro año seguimos con la casa, después cambiamos la camioneta. Antes se ganaba, pero ahora no”.

Trabajadora incansable, dedicó gran parte de su vida a la quinta y progresó a base de mucho sacrificio. “No comparto la idea de los que quieren irse a probar suerte a otro país. –Nos dice la Nata- Yo no estoy muy conforme. Yo crié a mis hijos con mucha menos plata, más pobre. Ellos tienen todo cuando yo no tenía nada, apenas una olla para cocinar. Ahora yo veo que cuando se casan se casan con todo, antes yo tenia una olla, una sartén, un juego de sábanas y bueno arréglatelas. Mi padrino de casamiento me regaló una cama, otro me regaló un ropero, usado pero me lo regalaron”.

EL CAMINO A CORREAS

Ya en esos tiempos el camino que unía la localidad con Villa Garibaldi y La Plata era difícil de transitar en épocas de lluvia, al igual que la salida hacia ruta 36. Por tal motivo el esfuerzo era grande para llevar la verdura, ya que si bien estaba el ferrocarril, el reparto se hacía en carro y más adelante en camioneta.

“El camino era intransitable –nos cuenta Mauricia-. Mi marido, cuando llovía, tenía que llegar hasta la punta de 7 con cuatro caballos, dos adelante y dos atrás del carro para poder llevar la verdura. El camión cargaba acá y salía para la ruta 36 y volvía. Así que hacía los dos viajes. El camino existía pero era un desastre, era puro barro. A veces ni con los cuatro caballos podía pasar. Cuando llovía un poco era impasable. Estaba el tren pero no se usaba para la verdura”.

Luego el camino de tierra fue reparado y mantenido por Vialidad Provincial y en los últimos tiempos por la Municipalidad de La Plata. Luego de solicitar que dicho acceso sea asfaltado y al no recibir respuestas a los pedidos efectuados por nota al Intendente y al Gobernador, los vecinos de Ignacio Correas decidieron llamar la atención con un original método de reclamo. El día 15 de Febrero de 1994, más de 100 habitantes a bordo de tractores, camiones, camionetas, autos y caballos, marcharon ruidosamente por las calles de la localidad solicitando la pavimentación de los 8 kilómetros del camino que los une con la ciudad de La Plata. Nacían los “tractorazos”, los cuales se prolongaron hasta que la Municipalidad de La Plata se hace eco de este reclamo y el 7 de Julio de 1995 inaugura el asfalto del camino a Ignacio Correas.

Cuando el acceso vuelve a deteriorarse, Mauricia Terrusi junto a Manuel Camacho, Carlos Pertierra y otros vecinos, siguieron bregando por el arreglo del mismo.

SU PARTICIPACIÓN EN EL CENTRO DE FOMENTO

Toda comunidad se organiza alrededor de una institución que canaliza los esfuerzos de los vecinos, tendientes a buscar el progreso de la localidad. Esa fue la función del Centro de Fomento de Ignacio Correas. “El club hará 20 o 25 años que lo levantamos –recuerda Mauricia-. Antes estaba formada una comisión, pero las fiestas y las reuniones se hacían acá en lo de Montes de Oca. Mi esposo fue durante muchos años vicepresidente del club y tanto él como mis hijos trabajaron mucho en el club. Dejaban la quinta y se iban con el padre a hacer el piso, las paredes, en todo eso han colaborado terriblemente. Una vez que se pudo levantar el club ya hacíamos los bailes ahí y se juntaba mucha gente. Después que falleció mi marido me pusieron a mí, pero como vocal. Siempre me gustaron cargos bajitos”.

Además de participar activamente en la Junta Comunal de Villa Elvira en representación del Centro de Fomento de Ignacio Correas, llevando los reclamos y necesidades de su zona,  la Ñata brindó su tiempo y su apoyo en procura de llevar adelante proyectos de gran importancia como la declaración del Arroyo El Pescado como “Paisaje Protegido de Interés Provincial” junto a otras instituciones de Villa Garibaldi y Arana; o el proyecto para la creación de una delegación rural para la zona sur de Villa Elvira.  Desde hace seis años lleva adelante también la tarea de manzanera repartiendo leche y alimentos a los chicos del barrio más necesitados. “Por ahora sigo con esto, pero se está cortando todo. Participé de la Junta casi tres años, pero después me alejé porque se hablaba de todo, se pidieron muchas cosas pero faltan respuestas. Ahora como  pensionada me dedico a visitar a mis amigas colaboro cuando puedo con la escuela como en la época del aniversario que cumplió 50 años y ayudo en todo lo que puedo”.

La Ñata nunca bajó los brazos a la hora de trabajar por su familia y su comunidad, ganándose el respeto y la admiración de las instituciones y funcionarios de Villa Elvira que conocen de su solidaria y su humildad.