MARTHA EVER LICARDI

Un ejemplo de lucha

Martha Ever LicardiMartha llegó al barrio a fines de la década del ’70 y desde entonces trabajó incansablemente por el progreso de Villa Elvira. Este esfuerzo cotidiano hizo que ganara el reconocimiento de sus vecinos que han elevado un pedido para que la calle 118 entre 72 y 80 lleve su nombre.

SU LLEGADA AL BARRIO

Martha Ever Licardi nació en el barrio de La Loma y desde chica trabajó junto a su familia en distintas comisiones. “Desde los catorce años integré comisiones en avenida 44 con mis abuelos y mis padres –nos señala-. Ellos trabajaron toda la vida haciendo luz, agua todo lo que haga falta. Ayudando a la gente con ropa, calzado, alimentos. Toda la vida desde los catorce años estoy haciendo eso. La Loma es un barrio extraordinario por la gente. Cuando yo me casé me abrí de todo eso pero igual seguí trabajando. Me casé de muy joven, 17 o 18 años, tengo una hija de 45 años, un nieto de 22 que está jugando al fútbol en Olimpo de Bahía Blanca. Primero alquilábamos y si bien trabajábamos los dos, mi esposo en el ferrocarril, en los frigoríficos Armour y Swift. Yo trabajaba en el hospital de Gonnet como instrumentadora. Seguí toda mi vida estudiando y por suerte llegué a tener más de diez títulos y con mucho esfuerzo porque nunca dejé mi casa y mis hijos”.

Después de tanto alquilar, un día conoce Villa Elvira. “Un tío mío se muda a 115 entre 80 y 80 bis y un domingo después del asadito familiar, salimos a recorrer. Por el año 1977, conseguimos en 117 y 80 un terreno. Éramos los terceros que llegamos a esa manzana y te puedo asegurar que era todo descampado. Como daba inyecciones me fui haciendo amiga de todo el mundo y después con la Iglesia Santa Rosa de Lima pude hacer muchas cosas para el barrio”.

UN ROSARIO DE CARENCIAS

En esos tiempos, las carencias eran muchas en la zona y con ese empuje que aprendió de su familia, empezó a buscar soluciones. “Cuando llego acá, a 117 y 80, -recuerda Martha- no había cloacas, no había gas, no había nada. Entonces el club 19 de Febrero, club que nunca se nombra, fue el que nos aglutinó a todos los vecinos. Pedían a los hombres que fueran, pero por el problema de trabajo y de horarios no podían. Yo a la vez que trabajaba y tenía a mi segundo hijo chiquitito, lo dejaba al lado y empezaba a buscar documentos casa por casa y así empezamos”.

“Cuando se inauguró el barrio de Marina –continúa Martha- sacaron toda la presión del agua. Entonces de vuelta comisiones para solucionar el problema. Pasábamos días enteros sin agua. No nos podíamos bañar y teníamos que ir a buscar agua a varias cuadras hasta que se solucionó el problema con un caño que se cruzó por calle uno”.

Sin dudas uno de los problemas más recurrentes fue el mal estado de las calles. Al respecto nos indica: “Cuando teníamos todo organizado comprábamos calcáreo, piedra. Duraba un tiempo y empezaban los pozos. Como desde la Iglesia Santa Rosa de Lima el padre nos decía que nos teníamos que comprometer con los clubes y con todos los vecinos, yo empecé a trabajar con el padre Emilio. Después vino el padre Rubén que ahora está en San Ponciano, el padre Alfonso, el padre José, el padre Norberto, y con ellos empezamos a trabajar y en las reuniones comentábamos sobre las necesidades y salíamos a buscar las soluciones. Agarrábamos al toro por los cuernos y salíamos a torear. Empezamos con mucha gente que tenía ganas de trabajar y formamos una comisión y nos reuníamos en la casa de Rodríguez en calle 85 y 119 los sábados o domingos. Nos hacíamos un asadito y dábamos todas las conclusiones de los distintos problemas. Tuvimos suerte porque era una lucha”.

EL ARREGLO DE LAS CALLES

Para encarar estas obras, hubo que formar consorcios y pagar dinero que muchos vecinos no tenían. Para esta tarea se requería una persona en que todos confiaran. “Había que pagar 40 dólares por mes durante un año y no había dinero, -señala Martha-  pero la gente hizo el esfuerzo. Yo era responsable de recolectar el dinero de los frentistas de seis manzanas. De esta forma se asfaltó la mayoría de las calles de barrio Marcos Sastre, después se lo llamó Barrio Jardín. El dinero se depositaba en el banco Ganadero. Si bien había dos firmas responsables, yo era la que tenía que llevar el dinero. Un día me avisó el Ingeniero Rossi y Marta Cabrera, me dijeron que se iba a asfaltar y que tenía que sacar el dinero y tenía que ir a comprar el cemento a 66 y 167. No recuerdo que cifra, pero era mucho dinero. Entonces fui y le pedí ayuda a Branvilla de 121 y 80 que tenía un camión. Dejó el camión estacionado en la puerta del banco y yo subí con una campera tapando el maletín y nos fuimos a comprar. Después nos llovió mucho. Yo con mi esposo y un vecino Plaquín sacando agua con las bombas para que al otro día sigan llenando. Y así fue como se hizo eso. Conseguimos asfaltar de 1 a 122 y de 80 a 90”.

Cuando Martha se mudó a 118 entre 78 y 79 hace unos cuatro años, no había calle sino que había un sendero. Entonces llamó a la Delegación y le pidió al Delegado que abriera la calle. “Me mandó una máquina y así empezamos –nos comenta-. La gente había formado consorcios para pavimento pero no se habían hecho. Por esa gente y por todos los que ya no estaban dije tengo que seguir luchando. Y así empecé solita, planté la semilla. Primero me escuchó el de al lado, después el de enfrente y así se empezó a juntar gente y hacíamos reuniones una vez al mes con el Ingeniero Sedda, con el Dr. Alak y muchos funcionarios. En dos oportunidades hubo dinero como para hacer las obras de asfalto pero se destinó a otras cosas y la gente ya estaba mal. Llenamos cuatro planillas diferentes, formamos consorcios y la gente quería pagar para tener su calle. Finalmente con el plan este último de 2000 cuadras se pudo concretar”.

NUEVO CENTRO VECINAL

El 20 de octubre de 2001 se formó una comisión de vecinos que se llama CENTRO VECINAL DE LA TERCERA JUVENTUD DE VILLA ELVIRA, presidido por Martha y que tiene como objetivos promover el progreso en general de la zona, realizar espectáculos públicos, dedicar atención a los niños, propiciar la formación de centros educacionales, médicos asistenciales y bibliotecas en la zona, brindar cursos de capacitación y perfeccionamiento a cargo de profesionales, desarrollar actividades recreativas, manualidades, cursos y deportes para la tercera edad, organizar viajes y excursiones de carácter turístico únicamente para asociados y sin fines de lucro y mantener las costumbres de las familias.

Frente a la casa de Martha Licardi existía un terreno que permanecía baldío. Un día uno de los dueños del predio decidió cedérselo a ella para el uso de la comunidad. “Hay cinco dueños del predio –nos comenta-. Uno de ellos me cedió una parte del terreno que se encuentra en 118 entre 78 y 79, una franja de 40 por 100 metros a lo largo de la 118, más un 5 por ciento que corresponde hasta la 118 bis, pero ese lugar ya lo cedimos al padre Carlos Gómez de Santa Rosa de Lima, para armar una capillita para la gente mayor que no puede llegar hasta 122”.

En dicho predio hay programado instalar un salón de usos múltiples, 2 canchas de bochas y 1 de tejo. Además se ubicarán juegos en la esquina de 78 y 118 y la capilla y la unidad sanitaria en 79 entre 118 y 118 bis. Un proyecto que le cambiará sin dudas la cara al barrio.

UN RECONOCIMIENTO DE LOS VECINOS

Marta Guarda y Alberto Bruschini, juntaron firmas de todos los vecinos de la zona para que Martha Licardi tenga un reconocimiento por su labor a favor de la comunidad, colocando su nombre a la calle 118 entre 72 y 80. En el pedido puede leerse lo siguiente: “los vecinos creemos que nuestro pedido es justo por todo lo que significa Martha para nosotros. No queremos que esto sea solo un pedido. Queremos que sea una realidad. Queremos ver la calle 118 con el nombre de Martha Ever Licardi”.

Lejos de marearse por este tipo de reconocimientos, Martha nos aclara: “Yo no me la creo. Yo voy a seguir luchando tanto por mi familia como por los demás. Pienso que tenemos que tener un futuro digno a pesar de la edad. Hay que luchar por la limpieza, la arboleda, la basura. Tenemos que acostumbrarnos a educarnos y a educar al vecino para terminar con los basurales. Fueron muchas noches de insomnio para poder lograr esto. Por eso estoy orgullosa”.