MARIO JOSE CIUCCIO:

Mario Jose Ciuccio“Es fundamental proteger el espíritu de barrio”

Nacido en Villa Elvira, Mario José Ciuccio vivió siempre en Barrio Monasterio y allí creció  y encontró su vocación. Con más de 23 años de servicios en la Policía de la Provincia, actualmente es Sub Comisario en la Seccional Octava de nuestra localidad. Además del servicio que brinda por medio de su profesión, lo moviliza la idea de colaborar con su barrio y recuperar la solidaridad y compromiso que aprendió de sus padres.

EL BARRIO, EL FÚTBOL Y LOS AMIGOS

“Mis padres son los dos inmigrantes de la zona sur de Italia –nos comenta Ciuccio-. Se casaron por poder, ya que en esa época, en el año 58 mi papá mandó a llamar a mi mamá que era del mismo pueblo, de Salerno para casarse”. Se radicaron en la zona de los campos de Monasterio en calle 12 bis entre 77 y 78 y un 13 de mayo de 1961 nacía Mario, quien vivió y creció en ese barrio.

“En ese entonces la zona que comprendía la calle 12 bis y sus alrededores era todo de tierra –recuerda Ciuccio-. Monasterio era el propietario de todos los campos de la zona y posteriormente Astilleros a través de un convenio con el Instituto de la Vivienda hizo el barrio, realmente un barrio de magnitud”.

Por ese entonces en el barrio había casillas y los inmigrantes italianos construían sus casas en la medida que tenían sus recursos, ampliándola y dotándola de mayor confort con el tiempo. “Recuerdo la canilla de la esquina, donde había que ir a buscar agua. El lechero que venía en carro... Detrás de la Unidad 9 había un lugar donde íbamos a jugar al fútbol. Después se fueron modificando los lugares de las canchas y con otros chicos mayores hicimos justo en la esquina de 12 bis y 78 una cancha en donde se hizo pasar la máquina. Era una cancha bastante grande en donde todos los días nos juntábamos para hacer el picón clásico. Nos lamentamos mucho cuando se hizo el barrio y se colocó el alambrado perimetral, ya que la cancha quedó dentro del alambrado. En un primer momento nos permitieron el ingreso y después cuando empezaron a trabajar dejaban materiales y  elementos de valor y el acceso ya fue restringido”.

VILLA MERCURIO

Como en todo barrio, hay recuerdos imborrables que hablan de una época de lucha y progreso: “Tengo presente los primeros asfaltos en que los vecinos del lugar se juntaban formando comisiones para tratar de lograr mejoras –nos comenta Ciuccio-, y todos sabemos que el asfalto era un gran ingrediente para cumplir ese objetivo. Cuando llega el asfalto se comienzan a arreglar los frentes de las casas, las veredas. Parece que no, pero se modifican las condiciones de vida. Una de las preocupaciones del barrio era la luz de mercurio. Recuerdo que frente a casa se colocaron cinco luminarias, una en cada esquina y tres en el medio. A causa de la luminosidad se hizo una cena tipo a la canasta con todos los vecinos, bautizando a la calle como Villa Mercurio. Además se colocó calcáreo en la calle 12 bis y para la primavera se ponían flores en todos los árboles, se cruzaban guirnaldas y se ponían puestos alusivos en las esquinas”.

Otras de las preocupaciones de su padre fue el tema de las cloacas, ya que los pozos ciegos no daban a vasto y eran ya bastante obsoletos. Además del gasto de tener que llamar al camión atmosférico, había un gran peligro con el pozo dentro de la casa.

“Si hablamos de los asfaltos, de la llegada del gas natural, esto fue todo un acontecimiento como el tema de las cloacas. El Barrio Monasterio fue un gran impulsor de todo eso, ya que la creación de un barrio de gran magnitud con mil y pico de casas, trajo esos servicios y sirvió al vecino de esa zona enormemente”.

EL ESPÍRITU DE BARRIO

En ese entonces era muy común que los vecinos se juntaran frente a las casas para conversar y pasar un rato juntos. “Mi papá fue uno de los promotores de colocar el famoso tronco frente a la casa en donde se sentaban un grupo de jóvenes con la gente grande para charlar de distintos temas de la realidad de ese momento, escuchar distintas opiniones y no faltaba la guitarreada. En invierno nos juntábamos a jugar a las cartas y siempre a escuchar las anécdotas de los tiempos pasados, de la guerra los que eran extranjeros, de política. Yo era un gran admirador y escucha de todas estas historias y situaciones vividas por los mayores y uno las guardaba celosamente para ir forjándose como hombre, sacándoles provecho”.

En estos tiempos en que todo se vive a mil, un recuerdo como ese parece utópico. “Ahora se vive un poco más acelerado y sería importante de vez en cuando poner punto muerto y frenar –explica Ciuccio-, porque así se nos va la vida y nos va a quedar el sin sabor de no haber tenido la oportunidad de haber vivenciado experiencias lindas para transmitir a la gente que queremos. Es fundamental proteger el espíritu de barrio, porque es a mi criterio lo que mantiene viva la solidaridad de los vecinos, que son a quienes uno acude ante cualquier emergencia personal. Ahí es donde se genera la solidaridad, se mancomunan los objetivos y se logran cosas. La desunión de la sociedad por estar preocupados por nuestros propios intereses, el día de mañana lo pagamos con una desintegración social que nos va a llevar a la larga de nuevo a las fuentes para recomponer lo perdido. Un poco ahora se está volviendo. Esto es un bumerang. Esperemos que nos toque vivir el regreso y poder reconstruir eso tan lindo que era compartir con el vecino vivencias tan positivas”.

SU VOCACIÓN POR SERVIR

Mario Ciuccio ingresó en la Escuela Vusetich en febrero del año 1979, con la aspiración de servir y ser útil a la comunidad. “Desde chico le decía a mi papá que quería ser comisario –recuerda-. Eso estaba obviamente dentro de lo que era la fantasía de ver programas como El Llanero Solitario, La Ley del Revólver...los antiguos programas en que el sheriff o el comisario eran los líderes, los protagonistas, y uno se mimetizaba con esa gran figura. Mi papá trabajaba en Penales. Trabajó primero en la Unidad Carcelaria Nº 1 de Olmos y después acá en la Unidad  9. Siempre él nos decía que la carrera en el servicio o en cualquier otra institución nos aseguraría un  ingreso económico y policía era una carrera que en esa época tenía buenos sueldos”.

La Primaria la cursó en calle 15 y 76, en la Escuela Nuestra Señora de Fátima y la secundaria en el Normal Nº 3 de 8 y 58. Como tenía facilidad para el estudio, su papá lo orientó para que ingresara a la Escuela de Policía. “Siempre tuve el apoyo de él  para todo lo que quería hacer. Mi mamá era ama de casa y se dedicaba más a los quehaceres domésticos en donde era una leona”.

Entonces ni bien terminó la secundaria, ingresó a la Escuela de Policía Juan Vucetich para prepararse en la que sería su profesión. “Cuando egresé, mi primer destino fue una Comisaría en Azul –recuerda Ciuccio-, porque dentro de la reglamentación se establece que los oficiales recién egresados tienen que estar de campaña dos años y estar en Comisarías no tan conflictivas para que se vayan formando dentro de la institución”.

MEJORAR LA SEGURIDAD DEL BARRIO

Las vueltas de la vida lo encuentran como Sub Comisario en la Seccional Octava velando por la seguridad de su propia localidad. “Trabajar en el propio barrio tiene contradicciones –nos explica Ciuccio-. Una es el hecho de la cantidad de gente conocida que a uno le agrada siempre poder darles una mano. Después está lo otro, cuando hay que impartir justicia y uno tiene que ser objetivo. Este trabajo tiene esas cosas”.

Dada la gran extensión que tiene Villa Elvira, empiezan las dificultades para cubrir el servicio desde una Comisaría ubicada en un extremo de la localidad. Además debe sumarse un perjuicio aún mayor ocasionado por la falta de recursos a la hora de proyectar la instalación de nuevas dependencias policiales en zonas que hoy comienzan a ser conflictivas.

Al respecto Ciuccio tiene una clara visión del problema y confía en llegar a prontas soluciones. “La dependencia está casi en el límite jurisdiccional y la parte que antes era rural ahora es un conurbano. Entonces empiezan a aparecer los delitos típicos en lugares habitados y hay que desplazarse, ya que el epicentro empieza a modificarse. Por ese motivo están las intenciones de crear nuevas dependencias policiales con el fin de dar respuesta a este requerimiento social”.

Recientemente la comunidad de Villa Elvira avaló un pedido que incluye la creación de nuevas dependencias policiales. Lo que se proyectó es trasladar la sub comisaría de Villa Ponsati a un edificio donado en 125 y 602 y utilizar las instalaciones de Ponsati para transformarla en un destacamento clase A. “Siempre sirve que la gente se una por un objetivo común –indica Ciuccio-. Esto nos muestra que hay coincidencias en el pensamiento y todo lo que lleva al progreso sirve. Ojalá que esta respuesta que se vio el otro día de lugar a mejores beneficios para los vecinos de la zona”.

SEGUIR TRABAJANDO EN EL BARRIO

Con 41 años de edad, casado hace 19 años y con dos hijos, Mario Ciuccio tiene muchas cosas en mente de cara al futuro. A esta altura del camino, recorridos ya 23 años dentro de la institución, está ante la  posibilidad de poder optar por el retiro, ya que a los 25 años de servicios está habilitado para hacerlo. “Yo me retiraría con 43 años de edad –reflexiona-. Sería joven como para iniciar algún otro tipo de actividad. Una asignatura pendiente es continuar estudiando y perfeccionándome a nivel cultural,  tratando de seguir una carrera universitaria. Creo una persona formada está mejor dotada para colaborar dentro de la sociedad. Además están mis hijos, ya que voy a tratar de ser un pilar en donde ellos se sostengan, orientándolos y si se da la posibilidad hacer alguna actividad juntos”.

Ciuccio estuvo ligado al comercio durante 14 años colaborando con su esposa, pero a medida que se fue jerarquizando en la profesión y cuando la situación económica no permitía proyectarse en el negocio, tuvo que optar: “En ese momento la carrera era para mí mucho más importante. Ahora podría llegar a retomar a lo mejor la idea del comercio. Además me gustaría ser un puntal para apoyar a alguna institución que precise de mis servicios, como la Iglesia Cristo Rey, en la cual mi mamá ya fallecida, concurría asiduamente colaborando en la Legión de María. Ese paso de mi madre dejó en mi retina recuerdos y gente amiga del barrio a la cual aprecio mucho”.