HÉCTOR CAMERONI:

“Villa Elvira toda es una gran familia”

Hector CameroniHéctor Cameroni nació y vivió toda su vida en Villa Elvira y tuvo el enorme privilegio de verla crecer y transformarse en una localidad de más de 80 mil habitantes. Durante más de 35 años trabajó en la Delegación Municipal de Villa Elvira y ahora se encuentra jubilado y disfrutando de sus nietos. Con él recorrimos una importante parte de la historia de la comunidad.

LOS RECUERDOS DEL BARRIO

“Soy medio patriota porque nací el 25 de mayo de 1946 en la calle 6 y 74 –nos comenta Cameroni-,  a una cuadra de la comisaría octava. Así que me crié en Villa Elvira, soy hijo de padres que también nacieron en Villa Elvira, así que toda mi familia es de acá”.

De su niñez, tiene recuerdos imborrables del barrio y su gente: “Villa Elvira era un pueblito chico, con muy pocos habitantes y después tuve la suerte de vivir todo el crecimiento. Recuerdo los negocios del barrio, los más conocidos: estaba el peluquero, don Pascual Coscarelli, una historia viviente, una leyenda de Villa Elvira que vive actualmente en la calle 73 entre 7 y 8. Don Pascual era el peluquero de todo el barrio. La peluquería estaba en 7 entre 73 y 74. Después teníamos el almacén de los hermanos Bufarini en la calle 7 y 74, un local que fuera ocupado por dos partidos políticos para poner sus locales. Tengo recuerdos muy gratos del hielero, don Gaspar Lavalle, de la calle 73 entre 4 y 5. En esa época no se conocía la heladera eléctrica y don Gaspar era el proveedor de hielo y todos los veranos era común ir a buscar la barra de hielo. El lechero era don Sánchez que vivía en 7 entre 79 y 80. Era muy conocido un almacén y bar que estaba en 7 y 605, en donde hoy está la ferretería. Había baile, cancha de bochas, almacén, bebidas al copeo. Lo llamábamos lo de Bicho. El dueño se llamaba Díaz”.

“Recuerdo que fue una novedad la primer estación de servicios de Villa Elvira –continúa Cameroni-. Estaba ubicada en 7 y 72 y la puso un señor llamado Toto Sanpedro. Ahora está cerrada. La inauguraron por el año ’59 o ’60”.

EL FÚTBOL Y LOS AMIGO

La parada obligada que tenía con la barra de amigos, era en la calle 7 y 73 o 7 y 74. Eran los tiempos del fútbol y junto a sus amigos tenían un gran equipo. “Recuerdo que la 7 tenía una rambla en el medio –señala Cameroni-. Una rambla ancha que tenía al lado de los dos cordones una hilera de paraísos. Era hermoso, una rambla muy linda que iba de 72 a 76 y que se sacó por el año 1966 cuando se levantaron las vías de los tranvías. Esa era la parada obligada nuestra con la pelota de trapo que no nos faltaba y los partidos de barrio contra barrio. El equipo mío que tenía como técnico a Miguel Angel Amieba, se llamaba Leandro Alem. Entrábamos a todos los torneos de babi fútbol en el club América, Everton, en la Iglesia San Francisco, en San Cayetano. Jugábamos más o menos siempre los mismos, teníamos un cuadrazo. Jugaban los hermanos González, Alberto Pucheta, Daniel Escudero, Carlos Berisa, Jorge Cingoni, Miguel Peti, Toté Banza y algún otro que ahora se me escapa. Las canchas las íbamos rotando a medida que se edificaban los terrenos. Recuerdo que empezamos a jugar en 6 y 75. De ahí nos corrimos a 8 y 74. Cuando se edificó la esquina esa fuimos a parar a 9 y 76”.

Además del fútbol, estaban los partidos al billar y los bailes del club de sus amores: Circunvalación, a los cuales iban orquestas como Feliciano Brunelli o Juan D’arienzo. Al respecto, Cameroni nos explica: “En el club Circunvalación nos íbamos a jugar al Billar hasta las ocho que llegaban los grandes y nos sacaban. Si estabas jugando mejor dejá el taco y andate. Un día recuerdo nos habían sacado y estábamos parados en la esquina ya que no queríamos resignarnos a acostarnos temprano. En todas las esquinas estaban los surtidores de agua cuando acá no había todavía agua corriente. En eso pasó un borracho preguntando dónde paraba el tranvía y mirando la canilla y la base que tenía forma de lápida preguntó: y este cuanto hace que murió. Uno de mis amigos le dijo: la semana pasada, lo chocó un auto. El borracho se arrodilló y se puso a rezar diciendo pobrecito”.

LA ESCUELA Y EL TRABAJO

La primaria la cursó en la Escuela Nº 84, poco tiempo después de inaugurado el nuevo edificio en calle 7 entre 75 y 76. “La escuela 84 fue inaugurada en 6 entre 72 y 73 –señala Cameroni-. Era una escuela muy viejita. Mi mamá y mi papá fueron a esa escuela. Ya en el año 1951 empezó a funcionar en el edificio nuevo que ocupa hasta hoy. Para esa época era una escuela de primera, una hermosura. Yo tuve la suerte de empezar la primaria en el año ’52, así que la agarré nuevita. De la escuela tengo muchos recuerdos, pero el que más perdura es el de mi maestra de quinto grado Teresa Muñoz de Ferreira. Por iniciativa de dos ex compañeros, el año pasado nos reunimos en una cena cerca de 15 chicos y chicas de 55 años con la maestra. Fue una emoción muy grande. En la escuela se daba cine y trabajaba muy bien la Cooperadora con una persona que vale la pena destacar por su trabajo, el señor Bonorino Cohen, que era el presidente.  Cuando salí de la escuela fui al Industrial dos días y no quise ir más, así que empecé a trabajar”.

Cameroni ya trabajaba desde los 13 años en la tornería de Latancio, en calle 7 entre 67 y 68, aprendiendo el oficio de tornero. “Después trabajé en un taller con dos amigos y a los 20 años empecé a trabajar en la Delegación. Gran parte de mi vida la pasé trabajando ahí: 35 años, un mes y seis días”.

LA DELEGACIÓN MUNICIPAL

Hector CameroniEl panorama de Villa Elvira cuando se crea la Delegación Municipal era en su gran mayoría de calles de tierra y grandes extensiones de campo y terrenos baldíos. “De asfalto tenía la calle 72 que era angostita –recuerda Cameroni-, la 7, la calle 5 que se pavimentó  de hormigón como es ahora de 72 a 77. Después estaban como ahora sin cordón ni nada la 1 y  la 13. Todo lo demás era tierra. Poblado estaba de 72 a 80 y no estaba todo completo ya que había muchas manzanas desocupadas. De 7 a 118 donde empezaba Barrio Jardín y de 80 a 90 no había una sola casa, era totalmente descampado. Incluso venían los soldados del 7º de Infantería a hacer maniobras acá al campo, donde hasta hacían trincheras y todo eso. De 90 para el fondo había muy poca población y muy  mechada. No existía Barrio Aeropuerto, ni Frison, En Villa Garibaldi había algunas casas pero muy poco, no estaba el Barrio San Antonio ni Sicardi, no había nada. Recién se hizo por ejemplo en el 77 el barrio Monasterio que era todo campo de 10 a 12 bis y de 78 a 85 era toda una fracción en donde incluso había un pozo grande donde se iba a tirar las ramas que se juntaban con el tractor”.

Héctor Cameroni comenzó a trabajar en la Delegación Municipal en el año 1966, cuando funcionaba en calle 5 entre 77 y 77 bis. “Era una vivienda común que la Municipalidad le alquilaba a una familia de apellido Fidansa. Tenía dos oficinas y la casa de los caseros. Cuando yo empecé a trabajar, tenía 20 años y notaba que no era mucho el acercamiento del vecino. Era muy poco lo que se le podía brindar también porque apenas se contaba con un carro tirado con un caballo para llevar un poco de tierra o caños si se rompía en alguna esquina y adoquines para la construcción de pasos de piedra. Además del carro, como movilidad había un sulky para llevar al capataz y al delegado a ver la poca obra que se hacía en ese momento. Otra cosa no se hacía. Se cortaba pasto con guadaña para lo que había cuatro o cinco peones nada más”.

En esos comienzos el trabajo era a pulmón, ya que se contaba con muy poco. “Realmente se trabajaba por amor al barrio –aclara Cameroni-. Recuerdo al Delegado que era don Alfredo Sioma, el capataz era Juan Manuel Landa. Además trabajaban Montes de Oca, Alejandrina Perez Gorizaguirre, Di Serni, Gabetti, Giogi, Di Santo, los hermanos Orona, Guarracino, Fernández...A partir del año 67, cuando la Delegación se muda a la calle 82, al edificio que actualmente ocupa, la gente se empezó a interesar más, se empezaron a formar consorcios. Hubo grandes luchadores en esa época como don Emilio Novoa, Tocacelli, Estegui, Angelani, Islas, Domingo y Victoriano García, Primo Masocchi, Don Antonio D’angelo entre tantos otros”.

Durante sus 35 años de servicio, Cameroni vivió de cerca el crecimiento de la Delegación: “Cuando entré estaba Alfredo Sioma. Después tuve al Ingeniero Eduardo Cuesta, que fue el que inauguró la Delegación en 82. Luego estuvo José Colocia del año 1967 al ’73. Del ’73 al ’76 los sucede Manuel Orellano, una gran persona. Todos luchaban pero no tenían medios. A Orellano lo siguió Emilio Novoa, uno de los mejores. Fue una persona con gran iniciativa. Antes no había rejas ni ninguna seguridad. Existía en el fondo un galponcito de chapa de dos por dos donde se guardaban las herramientas y las máquinas cada cual se las llevaba a su casa. A partir de Novoa se empezó a comprar maquinarias. Luego se hizo cargo Di Santo al cual tuve la suerte de acompañar como subdelegado durante cuatro años, cumpliendo creo que una buena labor y tratando de cumplir con todo lo que la gente nos pedía. Después vino Le Moal, Aforneris, Garavento, José Ramón Arteaga, Julio Lamarque y ahora Kneipp”.

LAS INSTITUCIONES

Sin dudas, muchos dirigentes de instituciones colaboraron en gran medida para que Villa Elvira progrese en esos primeros años. “Entre los dirigente y clubes que hicieron grande a la zona quiero recordar al decano, a mi club Circunvalación, que tuvo a varios presidentes buenos, pero quiero ponerlo en un escalón más alto a Marcelo Pelegrini, un gran tipo, honesto. Hoy sigue por el mismo  camino el vasco Sagastume. En Sol de Mayo tenías a Héctor Amati, los Celentano, los Urrutia. En el club Villa Elvira estaba Capri, Islas, García. En Tricolores que es una institución nueva los Paez, Gilardi, Liciardi. En Ignacio Correas tenías a los Camacho, D’angelo y a una gran luchadora como Tita Montes de Oca. Además tenés  que destacar a Luis Le Moal  al frente durante muchos años del club Almagro. El club Floresta era un club familiar integrado por los Jiménez, Tousa, Benedetto... Villa Elvira toda es una gran familia”.

LAS ASIGNATURAS PENDIENTES

El vertiginoso crecimiento que experimentó Villa Elvira en estos últimos años respecto a su población, exigió sin dudas una mayor demanda de obras. “El momento de mayor crecimiento de Villa Elvira fue cuando llegaron los planes de pavimentación con el Plan 1000 cuadras –nos señala Cameroni-, porque se pavimentaron más de 200 cuadras y sumado al ensanche de la 72 fue otra localidad. Eso cambió mucho al barrio y ahí se notó más el progreso en Villa Elvira”.

Pero según su experiencia, todavía quedan cosas por hacerse. “Desde que trabajaba en la Delegación te puedo nombrar tres obras aún pendientes: Una que yo siempre hablé y luché hasta incluso con ingenieros y directores de pavimentación, fue el problema del agua del campo de aviación que inunda la siete y pasa por 6 y 611 y todo su recorrido hasta la entrada al arroyo Maldonado. Para mí había que sacarla por medio de una zanja hacia 624 ampliando la alcantarilla y mandarla por un canal sacándola por las canteras a la ruta 11. Otra es el ensanche de la calle 7 de 90 a 659 y el pavimento del Camino a Correas. Después habría que mejorar la calle 636 que va para el camping de Salud Pública para tener una salida más ágil hacia ruta 11,  repavimentar la 96 que es una arteria con mucho tránsito y terminar el asfalto de la calle 9 de 76 a 78 bis y la 78 de 9 a 10, que son calles que quedaron de tierra en pleno corazón de Villa Elvira y que complican la circulación vehicular”.

Respecto al complicado presente económico que vive el país y a la falta de equipamiento básico que sufren los Centros Comunales, Cameroni nos comenta: “Me preocupa que los barrios siguen creciendo y lamentablemente la Delegación tiene cada vez menos posibilidades de atención en lo referente a material humano, ya que actualmente tiene muy poca gente y nada de maquinarias. Hace quince años había en la Delegación dos motoniveladoras, tres camiones, tres tractores, dos palas cargadoras. Creo que tendrían que darle otra vez una buena dotación de maquinarias y de personal. Para mí nunca sobra gente en ningún lado, sino que a lo mejor está mal distribuida”.

Héctor Cameroni es una de esas personas que se supo ganar el respeto y cariño de todos aquellos que lo conocieron a lo largo de su vida, ya que ejerció con seriedad y honradez su trabajo en un punto neurálgico de la comunidad como es la Delegación Municipal. Hoy con sus 56 años, sin dudas tiene mucho aún para darle al barrio que lo vió crecer.