PABLO OSCAR MANCUSO:

“ASUMIR UNA RESPONSABILIDAD ES MUY IMPORTANTE”

Pablo Oscar MancusoPablo Oscar Mancuso nació en Arana y es productor agrícola. Con sus 45 años, vivió y trabajó siempre en el campo ubicado en calle 630 y 132. Casado hace 24 años con Alicia tiene cinco hijos, Verónica de 22 años, Juan Pablo de 21, Victoria y Noelia que tienen 16 años y Federico de 7. Su actividad como presidente de la Cooperadora de la Escuela 46 de Arana lo llevó a ganarse el cariño y respeto de muchos representantes de instituciones de Villa Elvira.

LA INFANCIA EN EL CAMPO

Su papá también fue hombre de campo y trabajó la misma tierra que él está trabajando ahora. De su infancia guarda gratos recuerdo: “Nosotros acá nos criamos distinto. Por empezar no había calles, no había asfalto. La 640 y la 137 estaban sin asfaltar, no teníamos vehículo, no había luz y estábamos felices igual. Desde chico andaba en el campo con mi papá y lo disfrutaba estando acá con mis hermanos. De salir ya cuando tenía doce años, iba a la casa de un vecino que quedaba a doce o quince cuadras. Cuando salíamos con mi papá en el sulky íbamos hasta La Plata a hacer las compras y me gustaba acompañarlo. Hace poco hablando con chicos de la escuela yo les decía que ahora ellos tienen al lado un terreno para jugar al fútbol, tienen la cocina, el sum, antes  no había nada. Para jugar a la pelota hacíamos una pelota de trapo porque no había. Ellos tienen profesora de educación física, eso no existía antes por lo menos acá en el campo. Yo no me puedo quejar de la infancia porque me divertía y bueno son etapas de la vida que no se olvidan”.

Para estudiar o hacer alguna compra tenía que ir caminado grandes distancias por el campo o calles de tierra. “Nosotros siempre fuimos caminando a la escuela o al almacén a hacer las compras y jamás nos pasó nada, no había inseguridad y yo a los chicos míos los tengo que llevar y traer. Los bailes se hacían en el almacén de Perelló y algunos los organizaba la cooperadora de la escuela cuando estaba mi papá, que también fue miembro algunos años”.

LA ARANA DE ENTONCES

Arana vivió una época de progreso ligada a la fábrica de aceite de lino y al ferrocarril, encontrándose la escuela, almacén y capilla cercanos a la estación.  “Hace treinta años atrás estaba la fábrica de aceite a la que hoy le dicen la aceitera –recuerda Mancuso-, en donde hay un barrio ahí, y me acuerdo que estaba el almacén también y no había tanta gente como hay hoy. Sí había gente trabajando en la fábrica y que vivían en un barrio al lado. Recuerdo que pasabas por ahí y venían los camiones con el lino, el tren lechero que pasaba y a donde iban a descargar todos los lecheros, porque era zona de tambo acá también. Había quintas, que no había tantas y eran chicas. Pasaban cuatro trenes por día y llegaban hasta Magdalena. El tren se utilizaba para todo porque en esa época micros no había, todo era por tren. Mi papá siempre contaba que cargaban en el tren la mercadería para el mercado y de esa forma la leche también. Después pasaba el de pasajeros y ahí aprovechaba la gente que iba para La Plata o iban para el lado de Bavio, Correas, Pipinas”.

Mancuso estudió en la Escuela Nº 46 de Arana y al igual que su padre, colaboró de grande en la cooperadora del colegio. “La escuela cuando yo iba era muy chiquita –nos explica-. Me acuerdo que éramos 36 alumnos. Ese era el lado en donde se centraba la mayor actividad porque estaba la estación de Arana, la escuela, el almacén de ramos generales de Perelló que todavía existe, la comisaría... estaba todo en ese sector. Era digamos el centro de Arana. Hoy en día la escuela tiene 280 chicos aproximadamente”.

La primera comunión la tomó en la vieja Capilla San José de Arana, que fue reinaugurada recientemente. “Estaba en el mismo terreno pero el frente daba a la 640 –comenta Mancuso-. Era de madera con techo de chapa con tirantes a la vista y lo que no me voy a olvidar nunca es la parte del altar y la alfombra roja que tenía. Éramos también pocos chicos los que íbamos. Cuando tomé la comunión seríamos 8 o 10 chicos”.

SU TRABAJO PARA LA COMUNIDAD

Pablo Oscar MancusoSin dudas, una de las instituciones más importantes en cualquier comunidad es la escuela. Mancuso al igual que otros vecinos, asumió la responsabilidad de colaborar con la Escuela 46, participando en la cooperadora de la misma durante 14 años. “Primero entré como vocal, después fui secretario y después llegué al cargo de Presidente y estuve unos 12 años. En la escuela había tres aulas nada más hasta el año 84 más o menos. Entonces se hicieron dos aulas, que lo hizo todo cooperadora. Primero se levantó una y después se agrandó esa misma y se subdividió para formar dos aulas. Jardín no había, pero después con un subsidio que dio el gobierno se hizo una parte del Jardín de infantes y con otro subsidio se agrandó la escuela a nueve aulas, sum y una cocina grande en donde se hace la merienda reforzada para los chicos”.

A pesar de sus ocupaciones, Mancuso nunca dejó de colaborar con la escuela y de hecho representó al establecimiento en las reuniones de la Asamblea de Instituciones de la Zona Sur y de la Junta Comunal de Villa Elvira, exponiendo las distintas necesidades de ese barrio. “Trabajaba acá en el campo y a la mañana llevaba a los chicos a la escuela y prácticamente todas las mañanas era una hora o mas, porque había que controlar lo que se descargaba de mercadería, firmar algunas boletas de lo que se compraba o había que hacer algún cheque o depositar y llevarlo al banco. Era parte de un grupo muy trabajador que hacía todo ad honorem. Me tocó la suerte de estar en una etapa de crecimiento de la escuela y dejé mucho tiempo que en vez de disfrutarlo con mi familia lo puse en la escuela, pero uno se siente orgulloso de haber participado en algo así. Mantener la escuela y asumir un poco esa responsabilidad que para algunos puede parecer muy chiquita, pero que es muy importante”.

Respecto a los distintos pedidos y proyectos en los cuales participó, todos referidos a la zona rural de Villa Elvira, el grado de respuesta por parte de los funcionarios no fue  el adecuado. “Yo estuve en varias oportunidades en reuniones tanto de Junta Comunal, de Asociación de Quinteros, en la Cooperadora de la Escuela, en alguna reunión acá en la zona, y llegado el caso nunca se pudo lograr lo que uno esperaba, no porque los vecinos no quieran sino porque no llegamos al punto en que te digan que sí los funcionarios responsables. Pedís un caño para una calle y todos los vecinos están de acuerdo de empezar por esa calle porque todas juntas es imposible. La calle 630 por ejemplo la tuvimos que pagar con mi hermano y algunos vecinos y ahora hay un caño roto que cruza por debajo de la calle que está provocando que nuestro campo se inunde. Seguramente vamos a tener que enfrentar el arreglo nosotros porque respuesta hay poca. Por lo menos habría que empezar por una cosa, no importa si es para mí, para vos o para el vecino. Si nos juntamos diez por lo menos vamos a buscar soluciones y continuar con otras cosas como arrancaron los catequistas con la Capilla, que les llevó tiempo pero está funcionando. Las reuniones que se hacían en la Junta Comunal eran lindas porque vos tocas distintos temas y tomás una dimensión más general de los problemas de la zona. Yo iba con los problemas de Arana y cuando llegás a tu casa comentás con tu familia los problemas de Correas, los de Villa Elvira, entonces pensas que no te podes quejar tanto, que hay algunos que lo pasan peor”.

LA PRODUCCIÓN HOY

Además de su labor en favor de la comunidad, Mancuso enfrenta como productor agropecuario los mismos problemas que sufren muchos otros en el gran La Plata. Sin líneas de créditos, sin planes estatales que ayuden a la producción local, su trabajo ya no es el mismo de antes. “Es como todo, hay épocas malas y épocas buenas. En una temporada podías trabajar tranquilo y hacer el trabajo como  corresponde porque te daba el costo de la mercadería. Hoy ya no, hoy está todo cambiado. Hoy sembrás  y no sabes si lo vas a vender. Por empezar hay mucha más producción y entra mucha verdura de todas partes del país y hasta de Brasil, Chile. Antes era raro escuchar que entren frutillas de Brasil por ejemplo. Con la desaparición del tren el transporte se limita a los camiones. Yo salgo por 630 hasta 137 para ir a Los Hornos  o por 640 para el lado de 7 y el deterioro de las calles es grande. Nosotros en este momento nos dedicamos al melón, zapallo, alcaucil, repollitos de Bruselas, coliflores, según la época”.

Muy pocos valoran o toman conciencia que se está dejando morir un importante sector productivo, el cual sobrevive gracias al empuje y perseverancia de quienes a pesar de todo siguen trabajando la tierra. “Mucha gente no conoce lo que es el campo. Piensa que es una distracción y no es así. Puede ser una distracción para el que tiene un terreno y una pileta y viene los sábados y domingos. Pero el que tiene una campo para trabajarlo es muy sacrificado no solo para los que lo trabajamos sino para la familia también”.

Pablo Oscar Mancuso, al igual  que tantos vecinos de Arana, sueña con recuperar el esplendor de aquella   localidad en donde nació y creció. “Yo no entiendo esto. Nosotros donde vivimos siempre pertenecíamos a Los Hornos. Hoy estamos divididos en tres y ninguna de las tres delegaciones sabe donde estamos. Es muy difícil recuperar una comunidad cuando está dividida en tres”. Seguramente con luchadores como Mancuso Arana volverá muy pronto a ser una sola.