SAMUEL BERMAN:“Soy un enamorado de la naturaleza”
UN PAISAJE DESOLADOR Berman compró un terreno en Villa Elvira allá por el año 1948, al lado de donde vive actualmente. En él construyó su hogar y se vino a vivir luego de casarse por el año 1951. “El barrio era desolador –recuerda Berman-. No había luz, no había agua, no había calles, no había entubamientos. Si bien la calle 7 antes era de mejorado, cuando vine a vivir acá en el año ’51 ya estaba asfaltada una lonjita. La doble mano no llegaba hasta acá, sino que llegaba hasta 76, hasta la Escuela y de ahí venía la lonjita esa. No estaba entubado sino que era todo zanjón hasta la Villa Garibaldi. Cuando se hizo el refugio acá en 7 y 90, lo hicimos los vecinos con materiales que nos dio la Municipalidad y las bolsas de cemento, cal, ladrillos y baldosas como acá era todo un desierto lo dejaban en mi casa”. Nacido en Lomas de Zamora, vino a vivir a La Plata con pocos meses de edad. “No tenía un año cuando me trajeron a La Plata mis padres y mis hermanos –nos cuenta- porque le habían ofrecido un trabajo de mecánica a mi padre, y bueno nos vinimos para acá. Durante 81 años vale decir que estoy acá. Conocí recién Lomas de Zamora a raíz de tener que ir en comisión con la Gobernación en la época del Doctor Allende, que me tocó ir como fotógrafo junto al periodista de gobierno a hacer una nota”. LOS TIEMPOS DE FLORESTA A poco de mudarse al barrio, Berman participó en la fundación del club Floresta, una de las instituciones más antiguas y reconocidas de la zona. “El otro día ordenaba las fotos que tengo de esa época –nos comenta Berman-, de Primitivo Jiménez, los Tousa y muchos que ya fallecieron. Participé en lo que pude. Tendí mi mano siempre a pesar que eran momentos muy críticos en cuanto a lo económico. Soy el socio número 3 del club, socio fundador de Floresta. En ese entonces los bailes eran muy familiares, pero no solamente iba gente de la zona, sino que venían también de otros lados. Algunos porque les encantaba bailar a la luz del sol de noche. Inclusive se hacían las propagandas diciendo que hacíamos bailes con farol a querosén. Era una comisión de gente muy seria, con buenos principios, con deseos de hacer algo para la barriada y lo han hecho. Así se engrandeció el club hasta el día de hoy, porque realmente han pasado personas que volcaron todo su esfuerzo por llevarlo adelante junto a los socios. Si bien era otra época, que no había tantos lugares de esparcimiento, la gente se volcaba más al club del barrio. Hoy lamentablemente ha cambiado un poco”. En cuanto a los dirigentes que conoció, Berman nos señala: “Debo ser sincero y decir que quien abrió la brecha para avanzar fue don Primitivo Jiménez, un hombre muy honesto, bien intencionado y volcado con cariño a la zona, ya que fue uno de los primeros pobladores de esta zona. Luego por suerte vinieron otros que volcaron su esfuerzo y con la colaboración de los vecinos llegó a ser lo que es”. SU ACTIVIDAD PROFESIONAL Samuel Berman es fotógrafo profesional y trabajó durante más de veinte años en el área de prensa de la Gobernación de la Provincia. A lo largo de su carrera obtuvo distintos reconocimiento del Ministerio del Interior en su época de reportero gráfico e incluso dio examen como fotógrafo aéreo. “A raíz de eso –recuerda Barman-, cuando había que salir en aviones en la Gobernación, el fotógrafo destinado era yo, ya sea por falta de tiempo de los otros o por miedo. En gobernación estuve veintidós años, siempre en fotografía en la secretaría de prensa. Anteriormente había estado en Policía en el año ’49 aproximadamente, pero estuve poco tiempo porque no me convenció la tarea. El sistema era antiguo en esa época para trabajar, pero la tarea no era grata, ya que tenía que fotografiar cadáveres y bueno se me hacía un nudo en el estómago que no comía y no dormía por varios días”. Luego de Policía pasó al Ministerio de Asuntos Agrarios donde trabajó más cómodamente. “Estuve bien –continua Berman-. Viajaba afuera a donde me mandaban ellos. Muchas veces tuve que hacer tomas aéreas en la lucha contra la langosta o la tucura que llamaban. Del norte de la provincia, de San Pedro, San Nicolás hasta Patagones nunca me negué y en ese entonces íbamos en autos, en los rastrojeros con un equipo de foto e incluso un equipo de cine sonoro de 16 milímetros para después usar en charlas o conferencias”. Si bien trabajaba a gusto en Agrarios, un día lo llamaron para cumplir funciones en Gobernación, lugar en donde transcurriría la mayor parte de su carrera. “En esa época como Gobernador estaba Allende, que salía mucho y recorría toda la provincia y los fotógrafos estaban extenuados, no daban más. Cuando llevan el problema al Gobernador piden a los Ministerios fotógrafos prestados. Todos se negaron pero donde manda capitán no manda marinero. Yo estaba bien donde estaba pero me dijeron que era por un tiempito. Estuve veintidós años hasta que me jubilé cuando salió un decreto de 60% que no me favoreció mucho pero yo quería dedicar tiempo al negocio de fotografía que tenía en 7 y 71, donde me iba muy bien”. Ser fotógrafo en aquella época no era una tarea sencilla. “Por el año 1957 o 1958 no había fotógrafos como hay ahora –nos explica Berman- y las cámaras eran muy diferentes. Trabajábamos con magnesio... no cualquiera agarraba una máquina y el trípode y enfocaba, ponía en velocidad como correspondía la cámara. Se llegaba y había que revelar rápido para los diarios porque el periodista ya tenía la cartilla preparada para mandarla por moto. Ahora con las máquinas nuevas le dice al nieto que le saque una foto y saca, y salen buenas fotos”. Paralelamente a su actividad en Gobernación, Berman colaboró en la cooperadora de la Escuela Nº 23 de 7 y 601, en la época en que se hicieron importantes obras de ampliación en el establecimiento. En ese entonces se ampliaron las aulas y gracias a las gestiones realizadas por la cooperadora se consiguieron materiales, poniendo la mano de obra los mismos vecinos. “Quiero recordar de esa época a Néstor Perez –nos dice Berman-, que vivía a unos cien metros de la escuela y que a pesar que sus hijos no iban allí, trabajó mucho en la cooperadora, o a Miguel Chimenti que siempre estuvo dispuesto a dar una mano cuando la Escuela lo necesitó, instalando los sanitarios por ejemplo, y poniendo la mano de obra. Además, por ese entonces, como había problemas con el agua, gestioné un motor a nafta para el molino de la Escuela. Hubo mucha gente que colaboró para lograr todas estas cosas”. SU AMOR POR LA NATURALEZA
Decidido a forestar ese predio en beneficio del barrio, Berman inició las gestiones: “Me fui a Agrarios, a la torre y le manifesté al encargado de esa área de forestación que no representaba a ninguna institución sino que era un vecino de 7 y 90 que quería hacer algo por esa plazoleta que había quedado ahí. Pero estaban dando algunas plantas a escuelas o cooperativas, pero no a particulares. Yo no pedía para mí, sino para la comunidad. Entonces me fui a la Delegación a hablar con el delegado para que gestionen ese pedido que había hecho a Agrarios. Me mandaron unas diez plantas y después otras más de la Municipalidad. Me conecté con espacios verdes y política ambiental de la Municipalidad y entre una cosa y otra conseguí todo lo que está ahí. Hay más de cien arbolitos y quiero poner más. Quiero que sea un verdadero bosque”. Para poder regar las plantas, su hijo le regaló 120 metros de manguera, pero como la distancia era grande, igual las regaba con balde en mano de un extremo a otro. “Cuando me cansé le llevé el problema a Lamarque –explica Berman- y como sé que el agua que mandan para la ciudad viene por 7 cruzando la plazoleta, le pedí que gestionara una salida con una canilla ahí en la rambla. Si bien tenía la manguera, tenía que cruzarla por la calle y los autos la rompían toda. En ese momento estaba el señor Cameroni también, y después de algunos trámites a los cuatro meses vino el agua. Vinieron técnicos de Azurix y la gente de la delegación me consultaron en qué lugar quería poner la toma de agua. Eso me demostró la estima que tenían por mí. Una vez que pusieron la toma, fui corriendo a la ferretería a comprar una llave y le hice el casillero con un medidor viejo que tenía en casa. Fue un alivio. Para regar bien los árboles se demora unas diez horas, así que me llevo la silla, el diario, la radio y riego uno por uno, por lo menos una vez por semana”. En época de poda, recorre con su auto el barrio buscando ramas largas para hacer estacas para apuntalar los árboles, ya que debe renovarlas constantemente. En diciembre de 1998 Samuel Berman recibió el reconocimiento de la Dirección de Entidades de Bien Público, Colectividades y Cooperativas de la Municipalidad de La Plata por su destacada labor comunitaria y en agosto de 2002 fue galardonado con un diploma entregado por la Dirección de Higiene Urbana y Espacios Verdes de la Municipalidad en el que reza: “Certifico que el Sr. Samuel Berman es un vecino ejemplar por su incansable tarea en pos de la preservación y el incremento del patrimonio arbóreo de nuestra ciudad”. A pesar de despertar admiración en todo aquel que dialoga con él o simplemente se detiene a contemplar la trabajosa obra llevada adelante en la rambla de 7 y 90, Samuel Berman no busca ningún reconocimiento personal, sino que hace las cosas porque las siente, porque ama a la naturaleza y porque da lo mejor de sí para que el barrio sea un mejor lugar para todos, esperando que otros tomen su ejemplo y continúen su camino. “Soy feliz haciendo esto, a pesar de algunas ingratitudes que yo veo. A veces mi familia me dice que no me haga tanta malasangre por las cosas que pasan en mi país. Pero veo que no hay respeto por el ciudadano. No se necesita ser intelectual o abogado o tener el secundario o el terciario, se necesita ser honesto y trabajador”. |

Samuel Berman vive en Villa Elvira hace más de medio siglo y ha sido un activo protagonista del crecimiento del barrio. Fotógrafo profesional y amante de la naturaleza, es el responsable directo de la forestación de la rambla de 7 y 90, hecho que le valió el reconocimiento de las autoridades y vecinos del barrio. Fue socio fundador del club Floresta y miembro de la cooperadora de la escuela Nº 23 de calle 7 y 601, en los tiempos en que se ampliaron sus aulas. Con él dialogamos sobre su vida y los recuerdos del barrio.
Cuando Berman pasaba por el bosque o por la avenida 72, disfrutaba del aire puro de los eucaliptos de casi 30 metros y de la gran cantidad de especies de árboles que plantaron allá por la década del ’50 un grupo de amantes de la naturaleza que estaba encabezado por el Dr. Nicodemo Scena, a quien conoció y de quién aprendió sobre el cuidado y amor por las plantas. “Soy un enamorado de la naturaleza. Cuando se hizo esta parte de 7 y 90 con la rotonda, quedó un descampado. Entonces dije que había que poblarlo un poco con árboles. ¿Cómo no lo hacía la Municipalidad?. Yo iba al bosque a la parte de 122 y viendo esos eucaliptos tan enormes, ese bosque tan hermoso que lo hicieron estos hombres en la época de Nicodemo Scenna, Cóccaro y tantos otros. Hace unos treinta años, acá había quedado un campito raso. Entonces fui a la Delegación y les sugerí que si me daban algunas plantitas, yo las iba a plantar. No tenían nada, pero me prometieron que algo iban a hacer. Pasaron unos años y si bien siempre tuvieron buena voluntad tanto los que estuvieron como los que están en la Delegación, me propuse empezar a plantar árboles. Quería hacer un monte. Si había alguien que quisiera ayudarme, bien venido sea, y sino lo hacía solo”.