ISMAEL JULIAN MAYOCCHI:“Tengo el orgullo de decir que nací en una casa de chapa”
“Yo desde que nací vivo en la zona –nos explica Mayocchi-. Nací en el campo de la aviación y estuve ahí hasta los ocho años y después vine acá a la estancia de Copello que está frente al camping de salud pública. Ahí pasé mi niñez y tengo el orgullo de decir que nací en una casa de chapa, en la aviación. Antes se transportaba la casilla en tractores y se instalaba en donde uno iba a vivir. Me acuerdo que la instalaron un 7 de abril, que era el cumpleaños de mi mamá, entre un cardal y una helada terrible y yo nací el 7 de septiembre. Mi papá era tambero ahí en aviación en las 404 hectáreas y llevó leche durante 28 años a todos los hospitales de La Plata: San Juan de Dios, al Policlínico, maternidad, Casa Cuna, Hospital de Niños... Iba en dos carros y tenía gente que lo ayudaba porque eran trescientos y pico de vacas para ordeñar y era todo a mano, no como ahora”. Le dicen Bebe prácticamente desde que nació a causa de una tía suya. “Una tía mía estaba mal y mi mamá fue a verla a ella conmigo que era recién nacido. Mi tía me miró y le dijo que hermoso bebe, ponele Bebe que vas a ver que te va a hacer caso. No hacía nada de caso, pero de ahí me quedó Bebe y todo el mundo me conoce como Bebe Mayocchi”. LA INFANCIA Y LA ESCUELA Mayocchi vivió en aeropuerto hasta el año 1949, en que se muda a la estancia de Copello cuando tenía ocho años. Los mejores recuerdos que atesora son de esos primeros años en aeropuerto. “Me acuerdo que andaba a caballo en la petiza –nos relata Mayocchi-. Recuerdo cuando llegaron los primeros aviones que paraban ahí porque iban al aeroclub que esta por ahí por el Dique. Un amigo de mi papá que incluso fue jefe de policía un día se le paró el motor y no lo podía arrancar y le daba a la hélice hasta que arrancó y si bien era chico eso me lo acuerdo como si fuera hoy. Fueron los años de mi infancia más lindos que pasé. Hace poco tuve una fiesta de un pariente ahí en aeropuerto y le pedí permiso a la policía y fui hasta una palmera en donde estaba el portón. Es un recuerdo tan lindo que me iría a vivir ahora. Iba a la escuela 23 ahí en 7 y 601 con el guardapolvo bien almidonado y saltando cardos con los otros muchachos de Palau que viven al fondo. Ahí hice hasta tercer grado y después fui al Sagrado Corazón y terminé el tercer año de comercio e incluso estuve en el coro Cardenal Cagliero”. El barrio por ese entonces era bastante distinto. “Por calle 7 no andaba nadie –recuerda Mayocchi-. Mi viejo tenía un Rubi y después se compró un Ford 39 y andaba mucho entregando hacienda a los frigoríficos. Yo andaba con él en las ferias y me acuerdo que la 7 siempre fue asfaltada, pero el camino a Arana en donde había una fuente de trabajo en la aceitera, los carros que iban a buscar leche a la zona de Arana y la Armonía andaban con cadenero porque en esa calle se perdían los ejes del carro. En donde ahora está el barrio San Antonio era un horno de ladrillo y en donde está el Parque Sicardi era un tambo de 650 a 659 y de 7 a 14 y después estaba la parte del bajo allá en el fondo que le decían el campo de Sicardi en donde se inició mi viejo como tambero. Luz no había. Estaban los faroles y las baterías para escuchar los partidos tenías que ir hasta 7 y 56 a buscarlas. En 7 y 605 había un boliche de Goycochea y Díaz que surtía a todo el mundo, incluso a mi papá que le llevaba una lista y luego le traían la mercadería en carro un viejito, don Miguel”. LA FAMILIA Y EL TRABAJO A su esposa la conoce desde que tenía tres años y medio porque el papá de ella era casero en otra casa que lindaba con la de ellos. “Me puse de novio con mi señora y me casé en el año 1967 y me fui a vivir a La Plata a un departamento y tenía una lechería y roticería. Sufría como un loco y con mi chico Gustavo nos veníamos acá al campo y nos pasábamos todo el día y volvía a la noche y quedaba pobre mi señora en el negocio sola. Tuve lechería hasta el año ’70. Por ese año alquilaban acá en frente (7 y 645) y vine, me gustó y como ya conocía a toda la barriada me fue bien, Tenía bar, baraja y despachaba copa y almacén, incluso empecé a traer carne. Al año el dueño me quería sacar y entonces busqué a donde irme, entonces compré esto acá que tiene 50 metros de frente por 200 de fondo, hice los negocios y me trasladé acá sin piso, sin puertas y después me terminé la casa. Los vecinos me ayudaron a traerme toda la mudanza, uno me prestó la luz y de ahí en mas me quedé acá y pienso salir con las patas adelantes”. Esos años fueron de mucho trabajo y sacrificio, ya que el bar requería una atención constante. “Yo pasaba toda la noche en el bar –nos comenta Mayocchi- porque estaba edificando mi casa y me iba con el Ford que era de mi viejo a buscar carne al Frigorífico Caro y me la traía en el baul, otra no me quedaba, o teníamos que ir hasta 11 y 70 que estaba el pelado Barone a buscar el hielo para meterlo en la heladerita arriba. Ahora te viene la Serenísima, Sancor, te vienen todos los proveedores a tu negocio, tenés luz... La gente que trabajaba en los hornos era gente de agallas y había que atenderlos a esos. Te decían serví una vuelta para todos y no pagaban. Cuando vine a poner el bar, el Relincho ya había cerrado y cuando después cerró Perelló en Arana quedé yo solo con bar”. Con el loteo del Parque empezó a venir gente nueva y fue de a poco dejando la idea del bar. “Dijeron que se vendía lo de Sicardi y yo me arriesgué y puse una carnicería acá con todo nuevo y saqué el bar porque era otra cosa, en el bar tenés que jugarte y a veces aparecés con un ojo hinchado... Hasta ese momento no había peleado nunca porque soy amigo de todo el mundo pero los chicos ya estaban grandes y decidí cambiar y bueno ahora funciona un almacén y carnicería que atiende mi hijo Gustavo.” LA COOPERADORA Y LAS JINETEADAS
A las domadas venía gente de todos lados, hasta del interior del país por lo que tenían un gran marco de público. “Mi papá tenía un caballo que tenía 24 años y que tenía el mote de Rock and Roll, porque veía que preparaban la fiesta y se enloquecía en el palenque. Una vez hizo la Federación Gaucha Bonaerense una fiesta y la ganó un cordobés. Este cordobés le hizo una apuesta a mi papá que lo subía y lo marcaba con las espuelas. Entonces mi papá le dijo que no le jugaba nada pero que si el caballo lo tiraba iba como donación para la escuela”. LA LLEGADA DEL PROGRESO La escuela fue siempre un importante motor para la zona y con el tiempo llegó la luz, el correo y los micros. “Cuando empezaron mi hermano y un primo a querer traer la luz –recuerda Mayocchi-, medio que los trataban de locos, y él firmó en la Escuela en el año ’59 que si no se hacía por el gobierno la tenía que pagar él la obra. La luz para el fondo llegó a comienzo de los ’70 y por la zona de Sicardi se demoró porque un dueño de un campo no quería dejar pasar los cables por su propiedad. La primera estafeta de correo estuvo acá en el negocio. Un día vinieron y como yo estaba en la cooperadora, la directora que era una persona que se preocupó mucho por el barrio, me dijo si no me animaba a tener una estafeta. Entonces me traían las cartas y a algunos incluso se las llevaba yo”. Pero sin dudas uno de los mayores logros fue el pedido encabezado por Mayocchi para que exista un servicio regular de micros. “Yo tenía 11 años y me iba a 7 y 80 en bicicleta con un amigo Suchet. Ahí las dejábamos en un galpón y nos íbamos en micro hasta la escuela, al Sagrado Corazón. Después el 518 se estiró hasta 7 y 605, luego hasta 610 que ya estaba el aeropuerto y de ahí te tenías que venir a pié. Primero que todo estuvo el micro 79 que salía de donde está ahora la terminal que llegaba hasta 7 y 659. Le decían el fantasma porque venía una vez por día y era color plomo. No podías perder uno porque ahí tenías que andar a pié, no había más. Cuando entró por primera vez un 518 acá fue una fiesta. Era un rondín que pasaba cada media hora y te dejaba en 610. Si el de 610 se iba a veces te quedabas esperando otro abajo de la lluvia porque no había garita, no había nada. Entonces empezamos a juntar firmas con el tesorero de la Escuela y juntamos como 800 firmas y la empresa mandó más micros. La verdad que la empresa se portó bárbaro con nosotros”. EL BARRIO HOY El Bebe Mayocchi es sin dudas un referente importante a la hora de hablar de la historia del barrio, pero además sigue participando activamente en todo lo que signifique un progreso o mejora para la zona que tanto quiere. “Yo le digo la República de Villa Garibaldi. Mi hija se casó y está acá, mi hijo se casó y está acá también y mis sobrinos también. El barrio cambió mucho. Antes había todos hornos de ladrillo, quintas. Ahora hay muy pocas quintas. La población no es la misma. Se pobló Sicardi, se pobló el barrio San Antonio y por siete no tenés veredas, no hay banquina. La gente tiene que ir en bicicleta arriesgando y vos tenés que frenar porque te vienen de frente los camiones de tierra. Cuantas muertes hubo ya. Tendrían que ocuparse del ensanche de calle 7. Yo tuve que dejar 22,50 metros para el futuro ensanche de calle 7 por una ley que salió en el año ’69. Leyendo el Periódico Villa Elvira me enteré que los concejales Viñes y Arteaga se están preocupando mucho por la Villa Garibaldi y que han pedido el ensanche de la calle 7. Por lo menos tenemos dos personas que se ocupan de este problema”. En tema de seguridad para el barrio, Mayocchi ofreció un terreno de su propiedad para que se instale un puesto de vigilancia como los que se utilizaban en la ruta durante los operativos de verano. Además tiene gran inquietud por realzar el valor histórico que tiene la Villa. “Como la Capilla San Pedro es monumento histórico –nos señala Mayocchi-, está el monumento a Garibaldi, el Arroyo El Pescado que es el arroyo más limpio de la zona, sería lindo que los chicos y que la gente viajara y vea. Hacer una especie de turismo que salgan micros de plaza Moreno o incluso el micro 307 cuando viene para 7 tome la 22, pase por la Capilla, doble en 659, tome 7 y luego que haga el recorrido de siempre. El 518 puede hacer lo mismo. Se conocería mejor a la zona”. Con 62 años, tres hijos: Gustavo, Graciela y Alejandra y 5 nietos, el “Bebe” sigue trabajando por mejorar su querida Villa Garibaldi y hoy está cosechando el cariño y el afecto que ha sabido sembrar a lo largo de su vida. |

El apellido Mayocchi, como el de otras familias, está muy vinculado a la vida y al progreso de la zona sur. Por ese motivo charlamos mate de por medio con Ismael Julián Mayocchi, conocido por todos como el “Bebe”. Con él recorrimos los recuerdos de su infancia, del barrio y de su trabajo humilde y desinteresado en favor de la comunidad, que le han hecho ganar el cariño y el respeto de todos los que lo conocen.
Mayocchi colaboró desde sus comienzos en la cooperadora de la escuela Nº 9 de 7 y 643 y vivió de cerca el crecimiento y ampliación del edificio y colaboró activamente en la organización de las jineteadas que hacía su padre en beneficio del la Escuela “Los terrenos para la escuela 23 de 7 y 601 los donó un tío mío, Santos Mayocchi y la 9 estaba al lado de la capilla y la trasladaron acá en el año ’59 y le pusieron el nombre de Juan Francisco Jáuregui. En la cooperadora estuve desde el ’59 hasta el año ’65. En esa época se hacían las domadas y yo con 18 años ya andaba a caballo, ayudando, traía los animales. Incluso salíamos con Viglia que vive acá atrás, uno por cada vereda de calle 12 de 54 a 64 pidiendo juguetes, donaciones y hacíamos quermeses, bailes. La gente se divertía bastante acá en el barrio. Empezamos a hacer domadas en el campo, ahí en los Aromos, para beneficio de la Escuela. Yo iba a buscar los novillos a un campo que teníamos en el Pescado y mi papá los prestaba para jineteada de novillo y después había de caballo también. Se juntaban 4 mil o 5 mil personas y hasta entraba el micro, el famoso 79 que fue el primero que anduvo acá”.