MARIA ELENA SOSA DE REY:

“Doy gracias a Dios por poder cumplir mi vocación”

Maria Elena Sosa de ReyMaría Elena Sosa de Rey fue maestra de la Escuela 9 de Villa Garibaldi y de la Escuela 84 de 7 entre 75 y 76 y Directora de la Escuela 121 durante el período de ampliación y crecimiento del establecimiento. Además de su gran vocación por enseñar, María Elena tuvo la virtud de servir de guía a otras docentes para que como directivos puedan continuar con esta importante tarea.

LOS RECUERDOS DEL BARRIO

“Prácticamente nací en el barrio –nos comenta María Elena-, en la zona de 75 y 2. En ese entonces las calles eran de tierra, era difícil que pasara algún vehículo porque se quedaban atascados. Lo único pavimentado era la calle 1 que tenía un mejorado. Por acá apenas pasaba el micro 520 y si bien había luz eléctrica no había ni gas ni teléfono. En calle 1 podíamos tomar el 520 y el tranvía 16. Con ese tranvía íbamos al Normal 2 allá en diagonal 78 esquina 4. La primaria la hice en 68 entre 115 y 116, en la escuela 45 que recientemente cumplió el centenario”.

Sin dudas fue importante el hecho de concurrir a la Escuela  Normal Nº 2, ya que recibió una muy buena formación que completaba la que recibía en su hogar.

“Había pocos negocios –continúa María Elena- y entonces a veces en época de escasez de  azúcar o kerosén había que recorrer unos cuantos negocios del barrio para poder comprar lo mínimo para una familia. Nosotros éramos cuatro: mi papá, mi mamá, mi hermano y yo. Eran momentos difíciles pero había mucha solidaridad, mucha ayuda. Se vivía con tranquilidad, de otra manera. Por ejemplo los que íbamos a la Escuela 45, había siempre un grupo de chicas y chicos que íbamos todos juntos y a la vuelta igual. Generalmente con chicos vecinos uno podía jugar sin problemas en la vereda y los entretenimientos de la gente en esa época eran muy sanos. Recuerdo que acá había un gran descampado entre calle 3, 4, 75 y 76 que pertenecía o lo usaba por lo menos el club Sol de Mayo que estaba en 5 y 75. Para las fiestas patrias se hacían carreras de embolsados, carreras de atletismo y se pasaba un momento lindo y uno se veía con la gente barrio”.

SUS COMIENZOS COMO MAESTRA

María Elena se recibió de maestra en el año 1955, pero debió trabajar un par de años como empleada de comercio y recién después pudo empezar a desarrollar su vocación haciendo algunas suplencias. “En el barrio estuve en la Escuela 84, en la Nº 9 de Villa Garibaldi y en la 45 donde hice algunas suplencias. Para llegar a Villa Garibaldi tomábamos un micro que nos dejaba en el campo de aviación sobre la calle 7 y ahí venía después un rondín que nos llevaba hacia la escuela. En ese micro que era bastante precario pobrecito, íbamos otras maestras y  la portera que llevaba los bidones de kerosén para ponerle a las estufas en pleno invierno”.

Sin dudas en las zonas rurales la escuela ocupa un rol fundamental como fuente de actividades y de progreso. “La zona rural se levantó mucho con la acción de la cooperadora –nos explica María Elena-. Había gente que trabajaba mucho y colaboraba con la escuela. Recuerdo apellidos como Mayocchi, Brites, Barbusa... en ese tiempo teníamos por ejemplo sexto y séptimo en una sola aula. Ahí tuve los mejores recuerdos, pero después uno no puede viajar hasta allá por la misma situación familiar, ya que tenía dos chicos chiquitos. Cuando íbamos a Garibaldi era un poco a la aventura porque no había teléfonos, no había nada, estábamos un poco merced a la providencia de Dios”.

Luego de ese tiempo en la zona rural, pasó a la Escuela Nº 84 con un cuarto grado en horario de tarde. “Ahí pude ver las diferencias que había con la zona rural. Aquellos chicos, los de Villa Garibaldi, llevaban una vida muy sacrificada ya que ayudaban en las tareas del campo, entonces había quienes se  quedaban dormidos a media mañana pobrecitos y hasta venían con las zapatillas o las alpargatas ya humedecidas por el rocío. Incluso había un palenque donde los chicos que venían de lejos ataban el caballo. Los de la Escuela 84 eran un grado más numeroso, eran mas de 30 que para aquella época era un mundo. Con muchos aún ahora me sigo viendo y uno recuerda esos tiempos con cariño”.

Con el paso del tiempo algunas cosas cambiaron y el rol principal que tenía la escuela  fue modificándose. “Creo que también se están modificando los roles que están ejerciendo la familia –nos señala María Elena-. En aquellas épocas, a lo mejor podían ser menos ilustrados pero los padres ponían mucho amor, mucha responsabilidad en la educación de sus hijos. Hoy en día las circunstancias son distintas y hacen que quizás por razones de trabajo u otros motivos no puedan atender a sus hijos como debe ser. Esto después se nota. Es un déficit que se nota y uno no lo puede ocultar con un par de zapatillas de marca. Esa idea de familia , de cariño, de norma. Creo que se está dejando de lado el aspecto de la formación del niño en la escuela. Es una asignatura pendiente. Los maestros están  verdaderamente supliendo a esos padres en un frente bastante amplio. Eso no hay que descuidarlo. Las escuelas eran centros generadores de proyectos, de cultura, de prevención. La famosa educación para la salud que se hacía un proyecto en la escuela y luego se extendía al barrio. Hoy en día hay proyectos muy buenos, pero no llegan a desarrollarse”.

SU ETAPA COMO DIRECTORA

Maria Elena Sosa de ReyMaría Elena se desempeñó como directora durante 20 años, comenzando en sus primeros 2 años en la Escuela 79 de Tolosa para luego regresar al barrio ocupando ese cargo en la  Escuela Nº 121, lugar en donde se jubiló el año pasado. “Cuando llego era el año 1984 y había una tarea muy grande por hacer, ya que teníamos siete aulas con 198 chicos.  Éramos pocas las maestras ya que ni siquiera había maestras especiales. Pasaron los años y la cantidad de alumnos se cuadriplicó. Durante mi dirección la escuela se fue ampliando ya que teníamos una escuela chiquita. En el año 1994 se amplió todo un ala y dos años después la otra. Había que tener por lo menos 16 aulas. Muchas veces hemos sacrificado la comodidad de la Secretaría, de la Dirección con tal de poner chicos ahí y que estuvieran bien atendidos. La demanda de la población hacía que nuestra escuela fuera bastante solicitada y en los últimos años la gente hacía cola  para conseguir una vacante. Tuve siempre una muy buena cooperadora donde eran muy sensibles a las demandas de los maestros. Esto hizo que la escuela se acreditara y que los padres quieran enviar a sus chicos. Pienso que esa es una satisfacción también para uno, no solamente que le estén pidiendo  un lugar sino que esos chicos después cursen un polimodal y la universidad de modo satisfactorio”.

Lamentablemente y a pesar de su buena formación, no todos los chicos continúan sus estudios. “Yo venía de la escuela Nº 5 “Tomás Espora” como maestra de sexto –nos dice María Elena-. Ahí todos los chicos seguían  estudiando. Acá a algunos chicos que venían de muy lejos se les pagaba el micro escolar porque por ahí no tenían medios y tenían tanto derecho como aquel que vivía al lado de la escuela, de concurrir. La escuela se ha  adaptado a los nuevos tiempos. El personal se capacita constantemente, pero está en el alumno a veces poder responder a todo eso”.

Como directora ha apoyado a sus maestras para que se perfeccionen y muchas de ellas con el tiempo han llegado a ser Directoras o vice directoras de distintos colegios. “Es un poco el triunfo de uno al pensar que va a haber una continuidad. De ese grupo de maestras de la escuela 121 Luisa Davanso es la actual vice directora del colegio, Ramona Oliva es directora de la escuela 25, Alicia Pardo es vice directora de la Escuela 37, Monica Niubo directora del Normal Nº 3 y Mónica García es vice directora de la Escuela 125. Salieron unas cuantas y buenas. Hice lo mismo que han hecho conmigo, porque cuando era maestra de la Escuela Nº 5 la que me apoyaba mucho era la Directora y todo eso se va transmitiendo. Gracias a Dios siempre conté con el apoyo de mi familia y eso quiere decir mucho”.

A pesar de estar jubilada, María Elena Sosa de Rey continúa en un profesorado de educación  especial con dos horas cátedra y realiza también tareas de Secretaría. Además está en la catequesis rural y los días sábados asiste a la escuela 49 de la ruta 36 kilómetro 42 para cumplir con dicha tarea.

“Doy gracias a Dios por poder cumplir mi vocación. Uno piensa que se podían haber hecho más cosas, pero bueno se hicieron en la medida de las posibilidades. Eso me permitió encontrar otras docentes con ideas parecidas a las mías. Pudimos concretar muchísimas cosas. Hoy ese otro grupo sigue por el mismo camino y podrán hacer cosas muy buenas a favor de la niñez y de esa vocación que uno tiene”.