EDUARDO SANTANGELO:“Donde iba Sol de Mayo había guerra seguro”
EL BARRIO Y LOS AMIGOS De aquellos tiempos de juventud, Santángelo se ganó el apodo de “Macho” porque cuentan que era bastante peleador. “En la milonga en todos lados me llamaban así –nos explica-. Yo nací acá en esta casa. Era mucho más grande y tenía 20 metros de frente y había una pared medianera que daba para la calle 75. Después se fue achicando y subdividiendo”. Por aquel entonces el barrio tenía una fisonomía muy diferente con grandes baldíos y calles de tierra. “Había un foco en cada esquina y las calles eran de tierra –recuerda Santangelo-. Casas no había tantas, en esta cuadra estaba la casa de la esquina, una casilla de chapa y estaba mi casa que fue una de las primeras de la zona, que está hecha hace más de 100 años. Acá cada cual tenia sus amigos preferidos. Por ejemplo nosotros nos reuníamos en 75 y 4. De chicos andábamos todos de pantalón corto y con la honda colgando. Terminábamos de jugar al fútbol y nos íbamos a 80 que en ese tiempo no había nada, era todo campo, a cazar pájaros. Todos no tenían bicicleta así que nos las prestábamos para ir a hacer un mandado...”. Sobre los comercios que había por aquel entonces en el barrio nos señala que “la peluquería que íbamos nosotros era la de Ceferino Fernández que estaba en 5 y 73. El almacén de Di Lorenzo estaba en 75 y 5 y la carnicería de Antonio y Lázaro que eran dos hermanos. Para ir a tomar algo estaba el boliche de Cañedo en 76 y 3. Ahí nos encontrábamos todos”. Era la época de la radio, de las novelas, ya que la televisión hacía sus primeras apariciones. “Todos estaban pendientes de la hora de la novela, mi papá, mi mamá. Las novelas de Audón Lopez, Juan Carlos Torry. Cuando había algún partido o algo nos íbamos al boliche de Cañedo. El barrio ahora cambió mucho. Antes éramos diez en la manzana y éramos como hermanos. Ahora viene uno pasa al lado y ni buen día”. Además de los amigos y del fútbol, Santángelo como tantos chicos de su edad tuvo que salir a trabajar para llevar plata a la casa.”Nosotros teníamos 10 o 12 años y trabajábamos todos en algún comercio para tratar de llevar un mango a la casa. El que no es verdulero es lechero. Mi primer oficio fue panadero acá en casa. Mi papá tenía horno y hacíamos el pan y había gente hasta la esquina haciendo cola. Después seguí y me fui a trabajar a Berisso también haciendo pan hasta los 20 años. Cuando terminé la colimba trabajé en el ferrocarril. Había 45 cuadras hasta los talleres y salíamos todos en caravana, en bicicleta y nos juntábamos en el camino. Después un tío mío que era muy bueno me llevó al Poder Judicial. Mi tío era Secretario y yo caí en el Juzgado 12. Trabajé ahí 28 años y me jubilé en el año 1983”. SOL DE MAYO
El club Sol de Mayo se fundó el 4 de agosto de 1943 y Santángelo fue uno de los protagonistas de aquel día. “Resulta que nosotros teníamos un club en 74 llamado 5 de Julio –recuerda- y había unas desavenencias entre las comisiones, entonces intentamos reunirnos en la esquina de 75 y 4 y formar una nueva comisión directiva. Recuerdo que hacía mucho frío y ahí dijimos qué nombre le ponemos. Lalo Russo que vivía en la esquina de 4 y 74 tenía un cuaderno en la mano que decía “Sol de Mayo”, y quedó ese nombre. El primer presidente fue Poggi que vivía en 2 entre 76 y 77. Yo por ese entonces tenía 17 años, así que no pude integrar ninguna comisión porque era menor de edad”. El flamante club eligió los colores de Argentina para su camiseta y se transformó en un duro rival para cualquiera que quisiera enfrentarlo. “Sol de Mayo competía en la Liga Amateur hasta que por el año ’50 más o menos tuvimos un problema en un partido de fútbol con Vértigo de Berisso y nos inhabilitaron, nos suspendieron de la Liga. Ese día hasta mi viejo andaba dando garrotazos con una tabla de un carro que estaba parado ahí. En ese entonces no eran peleas, eran guerras. Imagínese: el arquero se llamaba Héctor Clavijo y en el palo en vez de tener una botella de agua tenía una de vino y el revolver. Cuando jugaba Sol de Mayo había 300 o 400 personas”. En ese entonces se defendían los colores del club con garra y pasión y las rivalidades eran muy marcadas. “Cuando no había liga jugábamos desde las 12 del mediodía hasta que estaba oscuro. Yo fui muy poco aficionado al fútbol pero me entreveraba. Cuando jugaba era Half izquierdo. Entre los clubes había rivalidad siempre, pero donde iba Sol de Mayo había guerra seguro, no lo querían. El clásico nuestro era Arce pero nunca pasó nada porque eran todos muchachos conocidos. Nosotros tuvimos buenos equipos siempre. El club en sí no era bravo, sino que nuestros adversarios nos tenían bronca”. Como club, Sol de Mayo fue creciendo y Santángelo llegó a ser presidente durante un período de dos años. “Cuando dejamos acá en frente nos fuimos a 77 y 4 y no fue lo mismo. La sede estaba en 75 y 5. Ahí compró un terreno de 10 por 20 un viejo conocido del barrio: Comasco, para el club. Se edificó la secretaría, la cancha de bochas y los baños pero con el tiempo fue chico, sobre todo cuando había baile, no entraba una pulga. A veces tramitábamos algunas cosas de fomento si había algún pedido. Las calles eran un desastre. Después practicábamos bochas, hubo durante mucho tiempo boxeo. Recuerdo al Negrito Alvariño que entrenaba en el club”. Actualmente el club ya no practica fútbol y a partir del ’80 pasó a manos privadas, alquilaron el buffet y el club. Igualmente brinda distintos servicios a la comunidad y hasta logró grandes triunfos en bochas entre el año 90 y 93 de la mano de Santángelo. Eduardo Santángelo transita sus días rodeado del inmenso amor de su hija Mónica, de su yerno Alfredo y de sus dos nietos quienes orgullosos escuchan una y otra vez las historias en las cuales el barrio, la familia y los amigos son el máximo tesoro que una persona puede tener. |

Eduardo Santángelo nació y vivió siempre en Villa Elvira. Con sus 80 años tiene imborrables recuerdos de su querido barrio, de la barra de la esquina y del club de sus amores: Sol de Mayo, del cual es uno de sus fundadores. Junto a él repasamos ese pedacito de historia que está ligado fuertemente al corazón y a los afectos.
Eduardo Santángelo fue uno de los fundadores del club Sol de Mayo, institución en la que jugó al fútbol y a la que siguió representando hasta hace poco tiempo como jugador de bochas. La primera cancha de fútbol estaba ubicada en la manzana de 75 a 76 y de 3 a 4, frente a la casa de Santangelo. “La manzana estaba vacía y la tenía como encargo el lechero de la esquina, López que tenía unos caballos que los largaba ahí adentro. Para mantener el pasto corto teníamos un pastero fijo, el caballo. Nosotros jugábamos al fútbol desde muy chicos y teníamos buenos equipos. Usábamos de vestuarios la casa de mi papá y los que iban a ver el partido se apoyaban contra la pared del frente de casa”.