RUBEN ROBERTO REA"Nosotros nos armábamos los autitos con las latitas de conserva"
“En el barrio vivo desde hace 4 años, vine de otro lugar me establecí acá y me quede. Me gustó mucho Villa Elvira, por eso mismo quiero mostrar lo que hago para la gente de Villa Elvira, creo que es parte de la cultura de un barrio”. UNA PASIÓN QUE CRECE CON LOS AÑOS “El hobby de coleccionar autos –recuerda Rubén- empezó cuando yo tenía 6 o 7 años, por el año ‘56 o ‘57. En esa época se acostumbraba a juntarse en barritas de chicos y se jugaba en la vereda o en la esquina. Mientras que algunos se compraban un helado o una gaseosa, yo prefería ir a la esquina y comprarme un autito porque era mi satisfacción. Entonces desde ahí me empezó a gustar pintarlos como eran, porque no venían originales sino que tenían otros colores. Mi arte es llevarlo a lo más parecido del modelo original. Había dos o tres modelos de autos que los hacían perfecto, por ejemplo la industria norteamericana, inglesa porque en ese momento la industria argentina estaba muy baja”. Por aquel entonces, los autitos eran una pasión que desvelaba a muchos chicos y era muy común repararlos y modificarlos con peso para correr carreras con otros chicos. A Rubén le entusiasmaba la idea de coleccionarlos. “El primer autito que tuve fue una ambulancia y el segundo era un auto que era de plomo pero con cuerda. El auto que me quedó siempre presente fue uno que nunca me lo pudieron comprar mis viejos porque eran laburante, era el “diablo rojo”, un coche de pista que tenía una cuerda nada más y era rojo. No se lo que saldría, nunca me lo pudieron comprar. Pero si me compraron un auto de 30 centímetros más o menos, que venía con suspensión, con luces y bueno yo me alegraba mucho por eso. Después desapareció del mapa, me lo robaron. Esas son las cosas que más recuerdo de mi infancia. Después cuando yo iba al secundario, trabajaba en Capital Federal y vivía en provincia, entonces viajaba. Me bajaba en la estación de San Miguel y corría esas cuadras porque estudiaba de noche, y cuando pasaba corriendo había una juguetería en donde compraba autos y mucho de ellos están acá. Antes de comprarme una gaseosa o un sándwich en la escuela, me compraba un autito y era esa mi comida hasta que llegaba a mi casa a las 11 de la noche”. De grande Rubén siguió comprando automóviles de distintos tamaños y modelos, llegando hasta el día de hoy con 621 autos. “A parte de ser un lindo hobby –nos explica Rubén-, a uno lo entretiene y calma los nervios. En un día de lluvia agarro uno o dos autos, una foto si es que la tengo y sino las consigo de almanaques, y los voy pintando tal cual eran. Pintarlo es muy lindo porque se agudiza mucho la vista. Hay autitos que tienen medio centímetro, pintar las luces delanteras, los vidrios, las ruedas traseras... son los más lindos porque son los que menos se notan las fallas. Si le falta una puerta hacérsela y bueno, trato de llevarlos a lo más parecido del modelo original. Cuando me regalan autos que están muy deteriorados, con plástico y adhesivo los arreglo y después los pinto. Primero hay que pararlo bien, buscarle las ruedas, de a poquito lo voy haciendo”. EXPOSICIONES Y PREMIOS A pulmón y con gran ayuda de su familia, Rubén empezó a mostrar su colección en La Plata y en la ciudad de Buenos Aires. “Para mi primera exposición, pedí ayuda en Cultura y no les interesó, o sea que el nivel de cultura lo de los pobres no les interesa sino sólo de los ricos. Siempre me la banqué sólo con mis hijas y mi señora”. La primera exposición fue en la Rural de Palermo en el año 1997 para la Séptima Exposición del Automóvil. “Hablé con la gente que organizaba –indica Rubén- y les interesó porque nunca habían tenido nada de esto para los chicos y más que nada para saber por ejemplo lo que fue el trueno naranja, para que los más grandes recuerden y los chicos lo vayan conociendo. Allí estuve más de un mes y medio y después me invitaron al programa El Garaje, que en ese tiempo estaba en canal 9. Me prestaron el predio de los camioneros de acá de La Plata. Después me sacaron una nota por la mutual de los camioneros en la revista de ellos, me invitaron para que exponga en el Museo de la Catedral de acá de la ciudad de La Plata a la cual vino mucha gente de todos los países. Lo más interesante de esa exposición era que había un libro donde se asentaba la opinión de los visitantes y me llamó la atención que expresaban que les gustó ver con qué jugaban sus padres, porque la exposición se llamaba “Con que jugaban nuestros abuelos”. Ahí aparecieron las muñecas de porcelanas, los jueguitos de cocina de chapa, todas esas cosas que es muy difícil verlas por ahí, solamente tiradas o salvo en San Telmo en una casa de antigüedades”. Luego de estas experiencias fue invitado a la Sociedad de Fomento de Los Hornos y a la Escuela Técnica Albert Thomas, donde estuvo con Mazzacane. “Estuve también en el Aeroclub de la Plata –nos comenta Rubén- a beneficio de un comedor de Villa Montoro. También me invitaron al Carburando club, que me invitaron a la exposición zonal que hacían, que la realizaron dos años y me invitaron los dos años. Actualmente estoy exponiendo en el Museo de Automóvil de Buenos Aires en Hipólito Irigoyen 2265, referida a los 95 años de Ford en Argentina y los 100 años de Ford en el mundo, patrocinado especialmente por Ford. Y bueno como soy hincha de Ford llevé todo Ford”. A través de las distintas exposiciones recibió trofeos y diplomas que Rubén guarda entre sus recuerdos más queridos. “El primer trofeo es el que me dio Carburando. Después vino otro trofeo y diplomas, pero lo que a mi me interesa es que la gente se vaya contenta y satisfecha”. UN LLAMADO A LA NOSTALGIA Más allá de su pasión por los autos, Rubén reconoce que poseer aún los juguetes de su infancia lo llenan de recuerdos y muchas personas que han visitado sus exposiciones se emocionan con muchos de los modelos exhibidos, ya que los remonta a su niñez. “Mi ídolo es el loco Di Palma y él estuvo en la exposición de la Rural, me dejó un autógrafo que lo tengo guardado, y además me comentaron que le gusto mucho los autos que tengo. Después sé de gente que se ha emocionado cuando recordaba la infancia, o se acordaba del amigo que ya no lo tenía o varias cosas. Recordar es volver a vivir. Los chicos preguntan mucho y les explico porque no entienden nada lo que era un Halcón, entonces yo les explico ya que muchos chicos no tienen la posibilidad de ir a Balcarce o al museo que hay en Buenos Aires. Ahora circulan autos muy nuevos y desde que se hizo el Plan Canje ya no ves circular Cuatro L y dentro de 4 o 5 años un chico va a ver un auto de esos y no va a saber lo que es. Ver los autos que hay aquí es ver la réplica de los autos que uno vió de chico. Por ejemplo acá están haciendo muchas réplicas con autos como por ejemplo la cupe de Fangio chocada o no chocada, e inclusive en la Buenos Aires - Caracas no volcó así. Yo tengo las fotos y no fue así. Las réplicas las están vendiendo bastante caritas, cerca de $400 y son autitos hechos. En cambio los autitos que yo tengo son autos del año ‘56, que es ese el valor que tienen. Jugué yo, jugó mi sobrino, después jugó mi hija mayor y ahora juegan mi nieto y mi nieta y los arreglan también”. Además, estos autos son el testimonio de los juegos de una época en donde no se podía tener juguetes muy caros y había que ingeniarse para divertirse con los amigos del barrio. “En la época del 60 yo vivía en Caseros –recuerda Rubén-, y jugaba con un chico que tenía un robot. Yo no sabía qué era un robot, pero él tenía uno porque el padre viajaba en avión y le traía esos juguetes, pero acá en la Argentina eso no existía. Estaban los autitos solamente, algún fútbol si tenían suerte sino se armaban. Nosotros nos armábamos los autitos con las latitas de conserva le poníamos unas ruedas también hechas por nosotros, y esos son los juguetes con los que jugábamos. Por ahí tengo un viejo Duravit que era palabras mayores. Bueno, esas son las cosas que nunca me voy a olvidar”. EL ESFUERZO POR SEGUIR Rubén actualmente trabaja en la empresa ESUR y como todo hobby, la colección de automóviles a escala le demanda un gran esfuerzo económico, tanto para la restauración de los coches como para poder transportarlos a las distintas exposiciones. “La ayuda que recibí, que sólo la pedí dos veces, es de la empresa donde estoy trabajando. La primera vez es cuando fui a Carburando y me dieron un dinero que me alcanzó para solventar algo de los gastos y la otra vez me prestaron la camioneta para llevar las cosas cuando fui al Aeroclub. Después fui a la Municipalidad a buscar ayuda y nunca recibí nada, e inclusive fui a ver al presidente del Autodromo de La Plata cuando se inauguró y le dije si le interesaba lo que yo realizaba y no le interesó. Yo esto lo hago con un gran esfuerzo. Al que tiene dinero no le cuesta mucho, pero a mi ir a una exposición, ir a una ciudad, moverme me cuesta muchísimo. Si no recibo ayuda de algún sponsor no puedo seguir exponiendo. Conozco gente que tiene el mismo hobby y que se quiso contactar conmigo, pero lo que pasa es que yo al trabajar a la mañana a veces podía ir yo o mi hija o mi yerno. Sé de gente que se quiso comunicar conmigo y que me han invitado de Balcarce, de Bernal, de varios lados. Conozco una persona que tiene más de 6000 modelos y el hombre es fabricante de estos modelos y tiene plata”. En el futuro sería interesante que su barrio pueda conocer esta colección que tanto esfuerzo le demandó, pero para ello debe lograr un cierto apoyo para solventar los gastos mínimos que le llevaría esa tarea. “Yo no tengo una vitrina y cuando lo hice en el Aeroclub tuve que comprar nylon pero igual no se notaba bien, e inclusive puse un cartelito de no tocar, pero la gente grande va y toca. No es que lo quiero mezquinar es que por ahí lo aprietan un poquito fuerte y entonces se descascaran o se cae la pintura. Hasta ahora nadie se llevó ninguno pero también corro ese riesgo, esto no tiene un valor comercial, esto tiene valor afectivo. Si a alguien le interesa la idea, no hay problema pero minimamente que me den una mano en lo económico, la mayoría de las cosas están en la casa de mi hija y ella de a poco me las trae en bicicleta porque no tengo medio de transporte”. LOS CONTINUADORES Sin dudas, tener una colección tan variada como la que posee Rubén y dedicar gran parte del tiempo a mantenerla y restaurarla demanda un acompañamiento muy especial por parte de su familia. “Ellos se aguantan la locura mía. Por ejemplo si estamos paseando mirando vidrieras, mi señora va mirando un vestido y yo si veo una juguetería voy a la juguetería. Tal es así que todo lo que está relacionado con un auto, desde un sacapuntas en forma de auto, un florero o lo que sea y que tenga forma de auto, yo me lo compro. Cuando no puedo, bueno mala suerte”. Ahora ve con alegría que su nieto guarda la misma pasión que lo llevó a él a iniciar su colección. “Cuando mi hija me avisó que iba a ser abuelo, todavía faltaba bastante tiempo y me fui a un kiosco y lo primero que le compre fue una cupecita que la tengo por ahí. O sea que esa cupecita es más vieja que mi nieto. Le empecé a comprar un par de autos, al padre también le gustan los autos, y hace poco me decía mi hija que ya tiene cerca de 100. Ya pinta para colecciona y yo le digo que los cuide, que se fije si se les sale la pintura y él va cuidándolos. Juega también, yo también jugaba y se le salía la pintura pero lo volvía a arreglar. Mi nieto tiene solo 3 años y ya tiene 100, cuando tenga mi edad no sé cuantos va a tener. Él siempre piensa en mi cuando ve un autito: quiere uno para él y otro para mí. Siempre piensa en el abuelo”. |

Rubén nació en San Martín en la provincia de Buenos Aires y vive en Villa Elvira desde hace cuatro años junto a su familia compuesta por su esposa, tres hijas ya casadas, sus yernos y sus nietos (un varón y una nena). Desde muy chico abrazó su pasión por los autos en miniatura y hoy en día es el orgulloso poseedor de más de 600 automóviles que fueron restaurados y pintados por él. Parte de su colección es expuesta hoy en el Museo del Automóvil en la ciudad de Buenos Aires.