EDUARDO GUZMAN:

"Todos los días tengo ganas de volver a tocar. Eso no se pierde nunca."

Eduardo GuzmanPara aquellos que gustamos del rock nacional, tener un vecino como Eduardo Guzmán, que vivió la época de mayor auge y consolidación de esa música y que compartió escenarios con Sumo, Virus, Skay Beilinson, Luca Prodan o Miguel Abuelo por citar algunos, representa un verdadero lujo. Con él charlamos de esos tiempos, de sus bandas y de su amor por la  música que supo transmitir a muchos de sus alumnos.

Nacido en Ensenada un 25 de abril de 1956, Guzmán eligió Villa Elvira para vivir junto a su familia y desarrollar sus actividades, instalándose desde hace más de veinte años en la zona de 1 entre 78 y 79. “Nosotros compramos esta casa en el año 80 más o menos –nos comenta Guzmán-. Yo soy nacido en Ensenada y como seguí viviendo de la música, venía tocaba en los clubes de acá de La Plata y Ensenada los fines de semana y los días de semana hacía trabajos cortos. Viví un tiempo en La Plata en la zona de 58 y 19 y después me vine a Villa Elvira. La calle 1 y la 72 todavía angosta estaban asfaltadas y todas las trasversales eran de tierra.  Esta zona de Villa Elvira siempre me había gustado por la tranquilidad que hay. Además sobre avenida 1 tenía acceso a los colectivos. Tuve la oportunidad de comprar la casita acá y lo hice”.

SU PASIÓN POR LA MÚSICA

Eduardo GuzmanSu pasión por la música arranca desde muy chico y fue creciendo a medida que pasaban los años, llegando a formar sus propias bandas de rock. “Cuando tenía 9 o 10 años un día iba caminando por diagonal 80 y paso por una disquería y escucho a los Beatles. Me quedé paralizado frente a la vidriera y dije esto es lo mío. En esa época todos tocaban folclore, cumbia que era la onda, pero a mí de una me gustó el Rock and Roll. Todavía no tenía ni guitarra, ya que la primera me la compré cuando terminé la primaria. Yo quería tener un trabajo para poder comprarme una guitarra criolla”.

En esos tiempos para tocar rock había que abrirse camino y por suerte Eduardo Guzmán siempre contó con el apoyo de sus padres. “Yo nunca tuve problemas con mi familia, nunca se opusieron a que tocara, fui libre para eso. Viajaba, por ahí tocaba afuera, nunca tuve problemas. El primer grupo que tuve cuando tenía doce años se llamaba Petróleo and Company –recuerda Guzmán-. Tocábamos en Ensenada y yo no tenía todavía guitarra eléctrica, pero había una guitarra y un equipo y me animé a tocar. Por ese entonces la referencia eran los Beatles”.

Eduardo GuzmanCon el tiempo fue armando sus propias bandas y así aparece Arena a principio de los ’70 con Eduardo Guzmán en guitarra, Lalo Casteje, Quique Cabrera, Norberto Spañol y Chupete. Luego nace Melody Soul a mediados de los ’70 con Rubén Figoni (guitarra), Guzmán (bajo), Quique Coronilla (batería) y Julio Aidar (guitarra).

“Con Melody Soul toqué mucho tiempo acá, en Buenos Aires, hicimos giras –nos explica Guzmán-. Por la zona tocamos un par de veces en El Carmen para la época de carnavales y en Deportivo La Plata. Melody Soul se disuelve finalmente tras la muerte del baterista a comienzos de la década del ’80. Después me llamaron dos músicos que yo conocía de verlos tocar en La Plata. Ellos estaban de gira por Bolivia y un día me mandan una carta que necesitaban un bajista argentino para armar una banda. Yo no pude viajar porque volvieron ellos y armamos Liverpool”.

Liverpool que estaba integrada por Marcelo y Gustavo Díaz, Juan Carlos Barbieri en batería y Guzmán en bajo, tuvo una corta vida, dando paso a la última banda de rock que formó Guzmán: Mister Plic que contaba con el propio Guzmán en bajo, Cacho Guerrieri en teclado y voz, Eduardo Moreno en voz líder y guitarra y J. C. Barbieri en batería.

“Después de Liverpool empezamos a formar otros grupos y lo último groso que hice fue Mister Plic que sonaba muy bien. Hacíamos todo Rock and Roll con temas propios y duramos hasta el ’89 o ’90”.

UNA EPOCA DORADA

A lo largo de su carrera como músico, Eduardo Guzmán compartió gratos momentos con figuras de la talla de Luca Prodan, Skay Beilinson, compartiendo escenario con bandas que fueron marcando el camino del rock por aquellos años.

Eduardo Guzman“Muchos se confunden porque me dicen si toqué con los Redondos. Yo toqué con Skay Beilinson. Nosotros tocábamos en Berisso en una galería con Juan Carlos Barbieri que él sí había tocado batería con Los Redondos. Como nosotros los visitábamos a ellos, ellos nos visitaban a nosotros y venía Skay con su guitarra y ensayábamos en Berisso, zapando. Es más, Skay estrenó con nosotros una Gibson que había ido a comprar a Miami. Tuve un par de grupos que pegaron fuerte pero nunca trascendimos. Uno vivía el momento tocando y no le importa si tenía que viajar a Buenos Aires... hubo un momento que por ahí yo no lo aproveché que era cuando estaba la cocina por decirlo así en la ciudad de La Plata. La cocina del Rock and Roll estaba en un boliche que se llamaba Candombe que era de un amigo mío, que estaba en calle 6 entre 43 y 44. Era un sótano gigantesco y yo lo ayude a armarlo. En ese tiempo tenia una autoservicio acá en Villa Elvira y era músico estable en Deportivo La Plata. Después de tocar ahí me iba con todos los equipos con una camioneta a zapar a Candombe todos los viernes y sábados. Ese boliche se había hecho conocido en Capital Federal y venían los Redondos, Luca Prodan, Los Twists, Miguel Abuelo recién llegado de España. Siempre estaban porque se había corrido la bola que acá había un boliche de onda y estaba muy bien armadito. Con Luca Prodan por ejemplo me acuerdo que tomábamos cerveza tirados en la vereda... Lo que pasa es que cuando vivís el presente no te das cuenta. Para nosotros era un flaco más que venía y tocaba con nosotros”.

Para entonces Guzmán se había vinculado con músicos como Rinaldo Rafanelli con el cual se perfeccionó en bajo. “Todos los miércoles me iba a Núñez a la casa de Rinaldo Rafanelli, que había dejado de tocar en Sui Generis –recuerda Guzmán-. Había leído en una revista Pelo que enseñaba bajo y me fui para allá. Él me pasó muchas cosas que luego le transmití a mis alumnos”.

ALGUNOS RECUERDOS Y ANECDOTAS

De esa época, Eduardo Guzmán guarda muchísimos recuerdos: “Una vez en Berisso yo tocaba y trabajaba en un boliche. Una noche tenía que tocar Miguel Cantilo con su grupo Punch y no llegaba. En ese entonces no había teléfonos celulares para poder ubicarlo rápido. Nosotros habíamos arreglado que tocara un viernes y él había entendido que era el sábado. Cuando logramos ubicarlo nos dijo: ¡No me digas que era hoy!. Fueron con una camioneta a buscarlo y llegó a cualquier hora. Para hacer tiempo tocamos nosotros con la banda mía y dejamos los equipos para que tocara Miguel con los músicos de él”.

Por aquel entonces se movían de un lado para otro sin descanso, movidos por la pasión de tocar. “Cuando venía Skay a tocar con nosotros a Berisso, a veces nos íbamos todos con él en un Falcon Rural. Lo que más me quedó gravado es lo mal que manejaba Skay, era un desastre, pero llegábamos a todos lados”.

Con Melody Soul llegaron a tocar a beneficio en los shows que se organizaban con el equipo de fútbol de “los galancitos”, equipo en el que jugaban Ricardo Darín y Carlos Calvo entre otros.

VIVIR DE LA MÚSICA

Cuando se abraza una pasión como esta, se vive para tocar, componer y perfeccionarse, pero no puede dejarse de lado la necesidad de contar con un ingreso económico que ayude a sobrellevar esa carrera en la cual no siempre se llega al estrellato.

Eduardo Guzman“Para vivir como músico tenés que tener un trabajo paralelo. Yo del año ’79 al ’89 trabajé en Astilleros, entonces siempre tuve un manguito. Trabajaba hasta las cuatro de la tarde y después tenía ensayo y era importante tener un peso porque muchas veces teníamos que pagar el flete nosotros y por ejemplo para tener un buen juego de cuerdas tenías que gastar unos buenos mangos. De hecho los equipos que tenía siempre los compré con lo que ganaba con la música. Ahora hay un par de boliches para ir a tocar y mostrarse. Lo que pasa es que antes había más poder adquisitivo. Por ejemplo si había una fiesta de cumpleaños de quince nos llamaban porque a la chica le gustaba el rock and roll, entonces a parte de los boliches teníamos un ingreso por ese lado. Para que te llamen y te vengan a ver tenés que estar tocando. Si no salís a tocar no te conocen y no te van a venir a buscar. Yo en la época que más trabajo tuve fue justamente cuando estaba tocando. Hubo épocas que toqué con Rubén Allipi, con el Viejo Musarra, con Cacho Valdez y era una forma de ganarme la vida, ya que paralelamente siempre tuve mi banda de rock and roll. Estar ahí arriba tocando me daba la posibilidad de agarrar una fiesta tanto con los músicos que hacíamos tropical como con los músicos que hacíamos rock. Como estaba a dos frentes tocaba de todo y fue muy enriquecedor para mí”.

Además de necesitar un trabajo para seguir adelante, muchas veces las ocupaciones empiezan a restar posibilidades para triunfar o trascender más allá de los circuitos locales: “Hubo un año en donde no se podía pasar música extranjera. Entonces los boliches, las discotecas y las radios se encontraron que no tenían material nacional. Las productoras empezaron a tomar a todos los grupos que estaban dando vueltas y ahí agarran a los Redondos, Sumo... Todos los grupos que estaban con sus temas armaditos fueron y grabaron y salieron al aire. Yo estaba acá viviendo, estaba casado, tenía dos negocios, entonces me quedé con mi grupo. Además en la época que estudiaba con Rinaldo Rafanelli, venían por ahí de visita Charly García o Nito Mestre o Héctor Stark, y siempre ellos hablaban que estaban armando algo.. pero yo ya tenía mi grupo acá y me había puesto las pilas para estudiar muchas horas, tocar con mi banda, tenía mi trabajo, ya tenía mi proyecto. Cuando vos tenés un proyecto estás piola, pero por ahí si no tenés grupo estás más a la expectativa. Yo iba a Buenos Aires a estudiar pero nunca tiré la onda para armar nada allá porque tenía lo mío acá. De lo contrario creo que algo se me hubiese dado. Otro tema es que estar en La Plata es como estar en Misiones mas o menos, porque no es Capital Federal”.

EL ROCK NO SE DETIENE

Eduardo Guzmán enseñó bajo y guitarra a muchos jóvenes que ahora forman parte de muchas bandas locales. “Algunos alumnos que tuve me llaman y me invitan para que vaya a tocar o a escuchar la banda que tienen. Yo a todos les decía que hasta acá les había enseñado, que después tenían que seguir perfeccionándose. Yo les pasaba lo básico de blues, rock and roll, la técnica para sacar un tema, pero yo no tengo estudios superiores como para enseñar algo más difícil. Yo los iba formando en sus primeras armas, acostumbrando el oído para sacar una melodía, como armar un tema, todo ese tipo de cosas”.

Como todo maestro, Eduardo deposita muchas esperanzas en la juventud y en la continuidad del rock a través de bandas jóvenes.

“Creo que al que le gusta la música no va a necesitar que le digan que toque o que tiene que ensayar –nos explica Guzmán-. Lo hace porque le gusta. Si es tu vocación nadie te tiene que decir que estudies. En mi caso me gustó siempre y la primera vez que tuve un bajo me salieron ampollas en todos los dedos porque no paré de tocar hasta que me dolieron los dedos. Dormía con el bajo abrazado. El consejo que les daría a los jóvenes es que se perfeccionen y que se den a conocer con otros músicos. Si se enteran de algún show que vayan, que sigan la agenda musical de la semana como para ir a escuchar y juntarse con amigos y colegas. Un incentivo grande  para un músico es ponerse una fecha para un show. Eso genera mucha adrenalina en el músico y te lleva a organizarte mejor con lo que se está tocando. Hay que salir, tocar y hacerse ver, eso te va realimentando. Si vas a ver un grupo a una plaza por ejemplo, seguro que te dan ganas de tocar. Hay músicos que están años ensayando para poder armar un tema propio. La música no es como otras profesiones que de un día para otro sacas resultados con el simple conocimiento. Lleva mucho tiempo y es un ejercicio diario”.

Sobre su visión de las bandas locales, y más precisamente de Villa Elvira, Eduardo Guzmán nos señala: La juventud tiene fuerza de por sí. Creo que si acá acomodás un galpón más o menos, los chicos vienen solos. Una cosa es poner un Villa Elvira una escuela de oficios para que los chicos aprendan electricidad o mecánica y salgan con una profesión y otra distinta es hacer un centro cultural. Allí se juntan personas con ganas de hacer cosas y como dice el dicho hay que poner en marcha el carro que los melones se acomodan solos”.

Músico de alma, actualmente trabaja como asesor publicitario y compone jingles. Protagonista de una gran época para el rock argentino, Eduardo Guzmán ha cosechado muchos amigos a través de los años, con muchos de los cuales aún sueña con volver a subir a un escenario y renovar esa pasión: “Hace dos años nos volvimos a juntar con Eduardo Moreno, Charly Rigonat y Clara Bachini que es una chica que toca el chelo fenomenalmente, y habíamos hecho un grupo que sonaba muy bien pero a mí se me recargó el trabajo y no podía llegar a tiempo a los ensayos. Todos los días tengo ganas de volver a tocar. Eso no se pierde nunca. Lo que me mata es que tengo mucho trabajo y cuando llego a casa ya no me quiero mover más. Ya no tengo veinte años...”