RICARDO ANTONIO LOPEZ:Un ejemplo de trabajo y honradez
UNA VILLA ALBA DISTINTA Cuando López y su familia se instalaron en Villa Alba hace más de cuarenta años, imperaba un paisaje de campo, con algunos montes de eucaliptos y calles de tierra. "Acá hace cuarenta años era todo campo - recuerda Dora Frías, esposa de López-. Por ejemplo, en el terreno donde estamos nosotros y en el de al lado había catorce eucaliptos que los voltearon para construir. Las calles las íbamos abriendo los mismos vecinos rellenando los pozos y haciendo las zanjas para que corra el agua. El acceso lo teníamos por Ruta 11 y si bien las calles estaban abiertas tuvimos que arreglarlas. La 607 la fuimos rellenando con escombro y piedra". Por su parte Alfredo, uno de los seis hijos que la vida les otorgó a Ricardo y Dora, nos explica: "Cuando vos salías a la puerta veías tranquilamente hasta 122 o hasta 604 porque era todo campo. Estábamos nosotros, los vecinos de enfrente… era un lugar bárbaro para andar en bicicleta, teníamos una cancha de fútbol donde nos juntábamos a jugar todos los chicos del barrio. Se hacían torneos y se juntaba la gente del barrio los domingos. Cuando se demolió el mercado viejo que estaba en 4 y 49 se fue comprando ese escombro y lo fuimos desparramando para afirmar la calle". Otro de los signos distintivos de la Villa Alba de ese tiempo era la falta de alumbrado público. "Luz no había nada de nada -continúa Dora-. Por eso fuimos hablando con los vecinos más viejos como Martínez que lo acompañó siempre a mi esposo en todos los trámites que se hicieron, Mancero, Tirado… y se pidió permiso para tirar los árboles que daban a la ruta. Esa leña se vendió y con eso compramos focos que se colocaron sobre la ruta de 604 a 609, uno en cada esquina. Eso mejoró la seguridad del barrio y ellos tuvieron iluminada la canchita donde jugaban al fútbol hasta tarde". EL CENTRO DE FOMENTO Como todo grupo entusiasta de vecinos, un día se reunieron con la idea de formar una institución que se ocupe de mejorar el barrio. "Teníamos un centro de fomento que se llamaba Centro de Fomento Cultural y Deportivo Villa Alba -nos comenta Dora-, con su personería jurídica, con todo. Se trabajaba bastante: por ejemplo el día del niño se hacían cosas para los chicos de barrio. El presidente era Merlo y mi esposo era vicepresidente. Habíamos comprado un lote para levantar la sede en la esquina de 125 y 607 y lamentablemente no se pudo terminar de pagar porque era una época de hiperinflación y era bastante difícil, ya que no todos los socios podían pagar la cuota y se fue perdiendo. La institución estuvo abierta dos o tres años pero nos mató esa época en la que no se podía hacer nada". "Se hizo de todo para poder pagar ese lote -agrega Alfredo-. Hacíamos torneos de penales, lo que podíamos para salvarlo, pero de todos modos no se llegó y eso nos desanimó un poco". OBRAS PARA EL BARRIO A pesar de estos duros reveses, don López siempre estaba dispuesto a hacer cosas por su barrio. Las calles y la luz se habían mejorado en gran medida y Villa Alba se poblaba en forma acelerada, cuando don López, junto a algunos vecinos, toma la iniciativa de gestionar la instalación de tres servicios fundamentales para la vida del barrio: agua potable, gas natural y cloacas. "Mi marido siempre siguió trabajando para el barrio -señala Dora-. Un día se le había puesto en la cabeza que había que traer el gas a esta zona y uno no le podía decir nada. Una vez me dijo que él no se iba a morir si no estaba el gas. Primero fue a la Delegación a averiguar y tuvo grandes charlas con los delegados de entonces, Arteaga, Lamarque y después se iba a la Municipalidad y le metía para adelante. Cuando iban a traer el agua corriente a Villa Alba por ejemplo, la empresa le mandaba una cédula a mi esposo para avisarle. El agua no costó tanto como el gas. También están pedidas las cloacas, pero eso está pendiente todavía". El gas había llegado hasta 604 y don López vió que se podía llevar tranquilamente hasta su zona. En la empresa Camuzzi le pidieron que formara un consorcio ya que los vecinos pagaban un 70 por ciento de la obra y la Municipalidad cubría un 30 por ciento. A partir de ahí había que caminar, conversar con la gente y convencerla de la conveniencia de contar con este servicio. "Nosotros acá teníamos un plano de la zona -explica Dora- y además conocíamos todo el barrio por haberlo caminado. Quien era el dueño de cada lote, cuales estaban ocupados o baldíos. Cuando se empezó a lotear, primero con un rematador y después con la empresa Kanmar, la gente compró y después no se que pasó con esa empresa pero algunos se fueron y los terrenos que quedaron los fueron ocupando otras familias. Mucha gente ocupaba los lotes pero no tenía muy en claro hasta donde era de él y hasta donde del vecino, o por donde pasaba una calle. Caminando con mi marido y con ayuda del plano fuimos numerando todo el barrio. Empezábamos por una esquina e íbamos contando los metros de frente de cada lote según el plano. Lo que pasa es que Camuzzi necesitaba que las casas tuvieran numeración para poder colocar el medidor y enviar la boleta. Esos números incluso lo utilizó Telefónica porque cuando nosotros pedimos el teléfono nos figuró en la boleta esta dirección, así que el trabajo de numeración sirvió para el agua, para el gas y para el teléfono". "Fijate como era mi papá, su forma de ser y de pensar -nos señala Alfredo-, que teniendo toda esa información sobre qué lotes estaban sin ocupar y pudiendo ir a pagar los impuestos atrasados y quedárselos, le daba el dato a alguna familia que tenia muchos hijos y que no tenían casa para que vaya a averiguar para poder ocuparlos. Y dos por tres venía alguno de parte de fulano a ver si sabía sobre tal o cual lote". UN CORAZÓN SOLIDARIO
El año pasado ya estando muy enfermo, Ricardo López le recordó al anterior delegado que tenía pedidas las cloacas para el barrio y que ese trámite estaba aún pendiente de resolverse. Así era López. Un vecino humilde y solidario, trabajador y honrado que hoy es un modelo a seguir por sus seis hijos: Alfredo, Laura, Javier, Ricardo, Silvia y Claudia y sus diez nietos. Por esa razón Don López quedará siempre gravado en el corazón de los vecinos de Villa Alba quienes lo siguen recordando con su gorra y su andar tranquilo recorriendo las calles de su querido barrio. |

El día 10 de octubre se cumplió un año del fallecimiento de Ricardo Antonio López, un querido y reconocido vecino de Villa Alba que trabajó siempre humilde y desinteresadamente por el progreso del barrio. Junto a su esposa y sus hijos recordamos algunos aspectos de su vida.
La empresa que hizo la obra de gas quiso alquilar en Villa Alba un galpón para instalar el obrador, pero no conseguía nada en la zona. "Era tanto el apuro y las ganas de que venga el gas que mi esposo le ofreció el galpón que tenemos acá en casa -recuerda Dora-. Vinieron de la empresa y miraron donde estaba el galpón y mi esposo para que se quedaran tranquilos les dijo que él se hacía responsable de todo lo que iban a guardar ahí. Él se levantaba a las cinco de la mañana porque venían a trabajar gente de todos lados y les llevaba el agua para unos mates sea invierno o verano. Por suerte hay que destacar que todos los obreros que vinieron durante mucho tiempo eran personas estupendas que siempre respetaron el hecho de que el obrador estaba en una casa de familia. Una vez recuerdo que estaban amontonados contra una pared porque la empresa no les quería pagar. Entonces mi esposo salió al banco y sacó la plata que la empresa tenía que llevar, vino y les pagó. Después presentó lo que había retirado y lo que había pagado a cada uno, le firmaron y listo. Adelantó un trámite para que la gente pueda seguir trabajando". Los trámites y gestiones para la obra de gas natural llevaron cerca de tres años, y la obra en sí cerca de uno. Durante todo ese tiempo, don López siguió de cerca el desarrollo de la obra y presidió el consorcio formado por los vecinos. "Todos los trabajos que se hacían en el barrio los controló mi esposo -nos explica Dora-. Se levantaba, le llevaba a la gente mate y salía a recorrer y controlar como se iban haciendo las obras. Él se hizo responsable de todo y la gente venía acá por cualquier problema. Por ejemplo muchas veces que había demoras, él tiraba la línea en la vereda para que después vinieran e hicieran la zanja, para que no se frene la obra. A casa venía mucha gente a conversar con mi esposo para saber cómo iba la obra o por cualquier otro problema y si él tenía que estar media hora charlando afuera con ese vecino lo hacía". Además de su solidaridad y su constante trabajo, Ricardo López se ganó el cariño y el reconocimiento del barrio por su gran honradez. Olga recuerda alguna anécdotas que definen esos rasgos: "Un día vino un hombre, Suárez, a preguntarle si iba a hacer la instalación de gas acá en casa y mi esposo le dijo que no porque en ese momento no podía pagar la instalación domiciliaria. Pagamos y colaboramos en traer la red principal al barrio, pero en ese momento no podíamos hacer la conexión en casa. Seguro que si mi esposo le pedía a la empresa o a la Municipalidad que cubriera la obra lo hubiesen hecho, pero no lo hizo, nunca quiso sacar nada para él. Entonces este hombre le dijo que si tenía trabajo era gracias a mi esposo, así que nos hizo la conexión igual. Otro día mi esposo fue a pagar la cuota del consorcio atrasada y le dijeron que tenía que ir a que el presidente del consorcio le sellara la boleta y recién después pagar. El presidente era él pero igual vino, selló la boleta y fue a pagarla". A Don López o "el hombre de la gorra" como a veces lo llamaban, se lo podía ver en alguna esquina conversando con vecinos o recorriendo el barrio. Siempre lo consultaban para cualquier cosa y era un referente para la gente de la zona. "Cuesta mucho encontrar gente que quieran al barrio y trabajen tanto por el barrio sin esperar nada a cambio -nos destaca su hija Laura-. Había gente que decía que como estaba jubilado tenía tiempo de sobra para hacer cosas, pero igual hay que tener esas ganas y ese empuje para levantarse todos los días a controlar la obra o recorrer el barrio. Muchas veces tenía que ir varias veces a la Municipalidad por algún trámite o hacer fotocopias y todo salía de su bolsillo, pero eso no todos lo reconocen". Hubo gente que a pesar de pagar las cuotas del consorcio no les llegó el gas porque no pagaron todos los vecinos de la cuadra y la empresa no extendió la red de gas por ese motivo. "Esa gente fue a la empresa a quejarse que López se había quedado con la plata y que el gas no les llegaba -recuerda Dora-. Entonces mi esposo lo llamó, lo llevó al banco y lo guió para que hiciera los trámites para que le devolvieran el dinero que siempre estuvo en la cuenta a disposición de ese vecino. Pero para la gente es a veces más fácil pensar que lo habían estafado o cualquier otra cosa, y la plata siempre estuvo en el banco. Mi esposo jamás cobró nada acá porque todos los pagos se hacían en el banco y para retirar el dinero siempre tenía que haber dos personas que firmaran, pero bueno, la gente a veces es un poco ingrata".