VENERANDO VELAZQUEZ:

La vida hay que lucharla siempre

Venerando VelazquezVenerando Velázquez es oriundo de Bolívar, Provincia de Buenos Aires, y vino a la zona a trabajar a mediados de la década del '40. Poco tiempo antes había llegado un coterráneo suyo, Santiago Rolando Martínez, "Rolo", tal como se lo conocía, quien donara las tierras de 7 y 632 para construir la unidad sanitaria y de quien recordamos su historia recientemente.

"Yo soy de Bolívar -nos señala Velázquez-, y me vine en el año 1945 acompañando a un hermano mío que le tocaba el servicio y con otro hermano que estaba trabajando en la fábrica de Arana. Entonces un día fui a visitarlo a Arana y me dijo si quería trabajar en la fábrica de Lino. Me quedé y después me traje a parte de mi familia. No puede traer a todos."

La zona sur de Villa Elvira era por aquellos años un lugar poblado de hornos de ladrillos, tambos y quintas que abarcaban grandes extensiones. La vida era difícil y se trabajaba de lo que uno podía. "En Arana estuve un mes y pico -continúa- hasta que me echaron por una huelga. Era el tiempo en el que estaba Cipriano Reyes. Vino y nos dijo que ganábamos poco y entonces se declaró la huelga en la fábrica. El conflicto se arregló enseguida y a mí me echaron porque era nuevo. Entonces había un vasco que me dijo: los criollos no se van a quedar sin trabajo y me comentó que necesitaban gente en los hornos de ladrillos. Yo no sabía cortar ladrillos, pero este hombre me alentó para que vaya igual a pesar de mi falta de experiencia".

EL TRABAJO EN LOS HORNOS

Velázquez, al igual que muchos en esa época, buscaban progresar y afianzarse en una región en la que todo estaba por hacerse. Por esa razón nunca escatimó esfuerzos ni le escapó a ningún trabajo. Aún sin la experiencia necesaria, se empleó en un horno de ladrillos cercano al lugar donde se radicaría luego definitivamente.

"Vine acá al horno de un polaco que me dio trabajo y me enseñó -recuerda Velázquez-. Cuando fui a la fábrica de Arana a buscar algunas cosas que me habían quedado, le agradecí al vasco por el buen dato que me había pasado. El horno quedaba a unas diez cuadras de donde vivo ahora y estuve allí unos seis meses.

Después un hombre que venía todas las noches a jugar al truco con nosotros me pidió que me vaya a trabajar al horno de él pero que no pagaba más de 4 o 5 pesos al mes. Para entonces ya cortaba dos mil ladrillos. Estuve unos seis meses ahí y me pasé al horno de los hermanos Marino y Enrique Suchet. Un día vino un hermano de un muchacho que trabajaba conmigo porque necesitaban gente en Lavallol, partido de Almirante Brown, y estaban pagando más el corte de ladrillo".

Consolidado en su oficio, Velázquez fue delegado sindical y estuvo afiliado a la CGT, recorriendo los distintos hornos de ladrillos no solo de la zona sino de ciudades del interior de la provincia.

"Trabajé dos años en Lavallol -continúa- y después Mariano Suchet me fue a buscar allá para volverme a contratar en el horno de ladrillos porque el hermano de él se iba a Italia. Desde ahí estuve cuatro años con él hasta que agarré otro horno pero como socio. Suchet cuando me tuve que ir me deseo suerte, me dijo que sabía que me iba a ir muy bien. Esa sociedad duró diez años y ahí todos trabajábamos igual, estaba acá al fondo. Estaban Otero, Fatieri y Frondini y tenian un encargado que se llamaba Morete".

LA FAMILIA Y EL BARRIO

En los primeros tiempos de su trabajo en los hornos, Velázquez era soltero, pero no tardó en conocer a Juana Antonia Acuña, con quien se casó y formó su familia. "El que después fue mi cuñado, un día me llevó a su casa de Arana y me preguntó si me gustaban las mujeres y me presentó a una hermana de él. Me armé de novio y al año y pico me casé y hace más de cincuenta años que estamos casados".

Por el año 1948, compró un predio en la esquina de 5 y 616 y se hizo la casa con un plan Eva Perón. Su casa fue una de las primeras cuatro que se construyeron en esa zona, las cuales aún pueden verse en cercanías de esa calle. A pocos metros de allí estaba la tranquera del campo de don Emilio Frisón, quien diera nombre al barrio que se levantó años después en sus tierras.

"Acá estaba todo despoblado -nos explica Velázquez-, en frente de casa (de calle 616 hacia Barrio Aeropuerto) había plantaciones de frutales y al fondo había un horno de ladrillo en el que supe trabajar también. Miguel Frisón tenía unas 20 hectáreas acá a pocos metros de donde termina mi lote y después había otra quinta grande que era de Zembo en donde después se levantaron los monoblocks del Barrio Aeropuerto. Me acuerdo que cortando la calle 5 estaba la tranquera y por acá pasaban las vacas porque a veces Miguel abría y se iban para el campo de Zembo. A la mañana se veía como una especie de pradera porque las vacas dejaban el pasto cortito y el sol se reflejaba en la laguna que estaba en el campo de Frisón y que ahora quedó un bañado, quedaron las totoras nomás. Frisón era un italiano bueno que cuando se jubiló tenía unas vacas acá. También tenía montes de frutas pero era bastante celoso con eso, las cuidaba mucho. Cuando muere se vendió todo y se loteó".

Sobre los cambios que experimentó el barrio, Velázquez nos señala que "Ahora se ha poblado mucho. Antes pasando la 110 (actualmente 610) eran todos hornos de ladrillo. No existía la Aviación, sino que había un tambo grande que era de Mayocchi. Eran todos tambos y quntas. Había lugares donde la tierra estaba toda quemada por el tema de los hornos. No había tampoco calles, las calles se abrieron con el loteo que se hizo por el año '85. Antes para entrar los días que llovía era todo barro".

UN VECINO RECONOCIDO

Además de su prolongado trabajo en los hornos de ladrillos, Velázquez siguió trabajando incansablemente hasta que se jubiló en el año 1992. "La verdad que siempre seguí trabajando. Yo vendía alfajores y cuando había fiesta acá en Aviación se llenaba de gente y me compraban. Me hacía 300 o 400 pesos de alfajores y después cuando Mayocchi empezó a hacer acá en Aeropuerto y en Los Aromos jineteadas y fiestas, yo iba también a vender alfajores. Nunca dejé de trabajar. Después, entre los años 1957 al '60 estuve trabajando en la ruta 11 desparramando asfalto caliente. Por suerte nunca me faltó el trabajo. Pienso que una persona no se puede morir de hambre, hay que trabajar de lo que sea. La vida hay que lucharla siempre".

En los últimos años, Velázquez estuvo trabajando en la estancia La Esperanza en ruta 36 en cercanías de Bavio, hasta que debió jubilarse en el año 1992 a raíz de su estado de salud.

"Hace unos años tuve un ataque de presión y casi me muero -nos explica-. No puedo caminar bien, tengo una silla de ruedas, pero no me puedo quejar. Voy a vivir hasta que Dios me diga basta. Ya tengo 85 años y mi señora cumplió 79 el 24 de noviembre, y gracias a Dios estamos los dos vivos". A mediados del año 2004, oportunidad en que se realizó un festejo en el club de los Abuelos, la Unión Vecinal de Barrio Frisón le hizo entrega de una mención especial como el vecino más antiguo del barrio.

Casado hace más de cincuenta años con Juana, con ocho hijos, más de 30 nietos y cerca de 15 biznietos, don Velázquez se ha convertido en un referente obligado a la hora de hablar sobre la historia de la zona y merced a su trabajo y su humildad se ha hecho merecedor del reconocimiento de los vecinos del barrio. El esfuerzo de personas como él, han contribuido sin dudas al crecimiento de esta comunidad.