ANDRÉS ACUÑA

"Todo lo que hacíamos, lo hacíamos por los chicos "

Andrés Acuña nació el 9 de septiembre de 1929, en Ensenada y vive desde hace más de 25 años en Barrio Monasterio. “Toíno” como se lo conoce, fue parte de la historia grande del fútbol amateur de la zona y trabajó incansablemente para alejar de la calle y formar a cientos de chicos a través de la práctica deportiva. Con él conversamos de su vida, su dilatada trayectoria en el fútbol infantil amateur y de los queridos recuerdos de su juventud.

“La Escuela la hice en Ensenada –nos explica-. Después en el año 1944 entré en la Escuela Técnica de la Base Naval de Río Santiago, y ahí hice un curso de tres años y me recibí de carpintero modelista. Estuve en el oficio dos o tres años y después vi la posibilidad de entrar a la Marina, pero como oficinista en el año ‘48. Y ahí estuve en la Base Naval unos veinticinco años y luego fui a Buenos Aires, siempre como oficinista y llegué a ser Secretario del Juzgado de Instrucción de Base Naval de Río Santiago. Pasé a Buenos Aires con ese mismo cargo y después me jubilé. También trabajé en el Astillero Río Santiago de empleado administrativo unos seis o siete años”.

Si bien su historia lo liga sentimentalmente a su querida Ensenada, Acuña vive en Barrio Monasterio hace más de 25 años. “La mayoría de los que vinieron a vivir acá eran de la Base Naval de Río Santiago, del Astillero Río Santiago, de la Escuela Naval Militar, militares y civiles. Cuando llegué el barrio estaba recién hecho y muchos monoblock todavía no estaban terminados, ya que se entregaban por etapas. Yo entré en una de las últimas etapas. Era un barrio extraordinario, hermoso. Con el tiempo cada uno fue ampliando su casa y mejorando. Alrededor era todo baldío, había hasta bañados. El ingreso estaba por calle 80 que estaba asfaltada. El micro llegaba hasta 13 y 80 y daba la vuelta, así que teníamos que ir todos caminando hasta allá. Igual siempre estuvimos bien porque tuvimos gas, luz, teléfono, agua… Hasta hace poco estuve colaborando en el Centro de Jubilados y Pensionados de Barrio Monasterio, estuve dos años en la comisión directiva como Prosecretario y después como no podía cumplir por razones particulares de enfermedad y trabajo me retiré”.

LA INFANCIA, EL BARRIO

Los recuerdos de su infancia está muy ligados a Ensenada y a su pasión por el fútbol. “En esa época se vivía bien –recuerda Acuña-, se vivía tranquilo. Íbamos al campito y no nos molestaba nadie. Donde encontrábamos un baldío hacíamos una cancha sin marcar, sin nada. Poníamos dos montoncitos de ropa y jugábamos. Con el tiempo poníamos dos cañas y un hilo como travesaño. Antes no había torneos sino que se jugaba barrios contra barrios, se desafiaba. Yo con 14 o 15 años era el encargado en el barrio de ir a desafiar. Una vez jugábamos en un barrio y la revancha la jugábamos en el potrero nuestro o al revés. A veces nos corrían a nosotros y otras veces nosotros los corríamos a ellos, era tremendo según el resultado, no había réferi, nada. Cada foul, mano, gol era una discusión terrible, pero nos divertíamos. Además del fútbol jugábamos por ese entonces a la rayuela, al pio palo, al trompo, el rango y mida, vigilante y ladrón, hoyo pelota, las 500, el denenti, las figuritas que venían con los chocolatines Estarota o Billiken. Cuando ya teníamos 17 o 18 años organizábamos los bailes de carnaval, los picnic a Punta Lara... Por ese tiempo en el barrio formamos una comisión vecinal, editábamos un periódico llamado La voz del Barrio y festejábamos el día de la primavera eligiendo a la reina. Era una época hermosa”.

Además, Acuña formó parte de la comisión directiva de la Asociación Caboverdiana de ayuda mutua donde sobresalían la realización de grandes bailes con actuaciones de Francisco Canaro, Feliciano Brunelli, Oscar Alemán, Alberto Castillo, y Mariano Mores, entre otros.

FLECHA DE ORO

Acuña comenzó con su gran pasión, el fútbol, entrenando chicos del barrio de entre 5 y 12 años en el campito que estaba al costado de su casa. “El fútbol me atrapó por el barrio. Cuando éramos chicos jugábamos todo el día. Veníamos del colegio y ya nos íbamos al campito a jugar y eso me entusiasmó tanto que a los más chiquitos del barrio los fui organizando yo y les conseguía los partidos. Eso dio motivo a la creación de Flecha de Oro”.

El club Flecha de Oro fue fundado el 1 de abril de 1944 en la garita del guardabarreras del Ferrocarril Sud en calle Bossinga entre América (hoy Alberdi) y Europa (hoy Marqués de Avilés) de Ensenada. La primera comisión estuvo encabezada por Antonino Rando como presidente y el tesorero fue Andrés Acuña.

“Los clubes de barrio se formaban por el entusiasmo de chicos que querían jugar al fútbol –nos señala Acuña-. Cuando fundamos con los muchachos el club Flecha de Oro, ahí quise hacer algo grande y empecé a organizarme. Fuimos a jugar a La Plata y en esa época estaban igual que Ensenada o Berisso, no tenían prácticamente nada. Nosotros íbamos siempre bien organizados y por suerte en casi todos los torneos nos invitaban sobre todo por el comportamiento de los chicos. Siempre íbamos acompañados de los padres. Los colores de Flecha de Oro eran verde y amarillo. Primero jugábamos así nomás, con cualquier cosa. Para conseguir en ese entonces comprar camisetas hicimos una pequeña rifa pero la plata no alcanzó. Entonces empezamos a juntar huesos, botellas, diarios, vidrio, trapos y todo eso se lo vendíamos a los botelleros y con eso fuimos a Casa Matheu y elegimos camiseta. Elegimos esos colores porque no era de ninguno de los colores que usaban los equipos de AFA”.

Desde su creación Flecha de Oro tuvo varias temporadas en las que se convirtió en verdadero sinónimo de triunfos en las canchas ensenadenses. El debut oficial fue el 4 de junio 1944 ganando dos divisiones con el mismo resultado, 1 a 0 al club Maipú. Entre las hazañas de Flecha de Oro recuerdan un desafío contra la séptima división de Gimnasia que venía invicta: el equipo dirigido por Acuña ganó 6 a 0 el primer partido y a la semana siguiente ganó la revancha por 2 a 0.

Lamentablemente, a medida que los fundadores de la entidad fueron dejando el fútbol, la institución fue perdiendo fuerza hasta desaparecer ya que no hubo quienes tomaran esa posta para darle continuidad.

Como dato anecdótico, es oportuno recordar que en mayo de 1947 Andrés Acuña participó en la fundación del centro de ex alumnos de su querida Escuela nº 40 de Ensenada, y el equipo de fútbol del Centro contó con “Toíno” Acuña como arquero. También por ese entonces, integró el equipo de fútbol de Ringuelet.

Como director técnico fue campeón en el año 1959 con la segunda división del club Villa Albino de la liga amateur platense de fútbol y fue 3 años consecutivos campeón invicto con la cuarta división, entrando en la historia grande de este club.

En el año 1960 constituyó el club de barrio de fútbol infantil Sacachispas con el cual intervino en algunos torneos de Ensenada.

LOS TEHUELCHES

La dilatada trayectoria de Andrés Acuña, lo llevó como entrenador de fútbol amateur a trabajar en América, Defensores de Cambaceres, YPF, Estudiantes, Gimnasia y Esgrima, Quilmes y Astilleros Río Santiago entre otros, pero la labor sin dudas más recordada la cumplió en el club “Los Tehuelches”, dejando un recuerdo imborrable en muchas generaciones de chicos.

“El 28 de septiembre 1963 –nos relata Acuña- junto con Jorge Galeano y Julio Matteozzi fundamos la Agrupación Deportiva Infantil Los Tehuelches con el objetivo principal de alejar a los chicos de los peligros de la calle por medio del deporte. A poco de su constitución los tehuelches cumplieron una buena campaña en los cuatro campeonatos que intervino, venció en tres y en el otro se clasificó segundo, ganando el derecho de representar a La Plata en la primera olimpiada deportiva infantil donde salió segundo detrás de Córdoba”.

Con distintas delegaciones de chicos, Acuña visitó varias veces Rosario, Mar del Plata y varios puntos del interior para competir en torneos. Además, hacían excursiones al Tigre y al Delta del Paraná luego de las cuales debían hacer una narración por escrito de todo lo visto. En general, todas las delegaciones eran felicitadas por su comportamiento dentro y fuera de la cancha.

“Por suerte tenía a mi esposa que me ayudaba en todo –recuerda Acuña- y hacíamos los trajes para las delegaciones de chicos que viajaban al interior o exterior, sacábamos un crédito y comprábamos la tela o los equipos de fútbol. Además éramos los encargados de organizar el recorrido turístico para los chicos de otras delegaciones que venían de visita. Venían veinte, treinta o cuarenta, les dábamos alojamiento, les dábamos de comer el desayuno, almuerzo, merienda y cena y además los llevábamos a recorrer toda la zona. Yo conocí mucho más así que lo que había conocido en mi vida hasta ese momento. Íbamos a todos lados: al zoológico, al País de los Niños, la Catedral, el Puerto. Conseguíamos una lancha y recorríamos el puerto con lo que era en esa época del '60 y '70, el delta del Río Santiago. Es realmente invalorable la gran cantidad de chicos que a través del fútbol conocieron otros lugares, otros países, a otros chicos de otros lugares, que a lo mejor de otra manera no hubieran podido conocerlo. Los mismos chicos me lo decían, pasaron los años y los chicos me decían: Acuña yo conocí Mar del Plata por Ud., conocí Buenos Aires… y recuerdo uno que me dijo conocí el tren por ud. Ese chico era de Berisso y de ahí no salía. Además la experiencia de haber viajado en barco toda una noche, para ellos fue increíble”.

En los años 1967 y 1968 “Los Tehuelches” realizaron giras por el Uruguay apareciendo en la portada de los medios de ese país. Asimismo, en 1975 disputaron las finales del campeonato Evita en Mar del Plata por haberse consagrado campeón de la zona este de la provincia de Buenos Aires.

“En la última época, con Tehuelches teníamos circuitos habituales como los de la Escuela 66 que era uno de los mejores campeonatos de fútbol infantil que había, duraba tres o cuatro meses y con unos premios tremendos. Nosotros por suerte ahí ganamos los primeros campeonatos y después teníamos los torneos en el Oratorio Don Bosco que se jugaba todo el año. Ahí en Don Bosco, como nosotros con Tehuelches ganábamos todos los años, los inscribía como Ceferino Namuncurá. Cuando entrábamos y se daban cuenta que éramos nosotros se querían morir, pero ya estábamos inscriptos y jugábamos. Después les gustó a los curas y jugábamos siempre”.

EL SEMILLERO

A través de su incansable labor al frente de los distintos clubes en los que trabajó, Acuña formó y promovió chicos que con el tiempo triunfaron en primera división y en el exterior.

“Yo siempre estuve ligado al fútbol amateur. Cuando mis chicos ya se pasaban de edad para el baby fútbol, los acercaba a distintos clubes. Estuve en Quilmes, Estudiantes, Gimnasia. Llevé muchos pibes que ingresaron desde la novena pero después tenían que entrenar todos los días y lamentablemente me tocó escucharlo a mi, que les digan que eligieran entre el estudio o el fútbol. Yo tenía a mi hijo en Quilmes y salía de casa a las ocho de la mañana y llegaba a las ocho de la noche. Con el tiempo tuvo que abandonar. De los chicos más conocidos que llevé y que llegaron hasta la Selección Argentina fue Néstor Craviotto. Otros que llegaron a primera fueron el Peca Romero, número 3 de Gimnasia, el Goyo Sánchez, Claudio Gugnali que jugó en Estudiantes y San Lorenzo, Guillermo Pantaleo que jugó en la primera de Gimnasia, y Hugo Montagnoli que jugó en Gimnasia, Quilmes y llegó a jugar en Europa. Me venían a buscar de muchos lados y yo cooperaba con ellos, pero no cobraba nada”.

El paso del tiempo fue transformando muchas cosas y el fútbol no fue la excepción. “El espíritu que nos llevó a fundar un club de barrio como Flecha de Oro ahora se fue perdiendo un poco –reconoce Acuña-. Están hoy las ligas que forman los equipos con todas las comodidades. Ellos van y tienen su ropa, su fútbol y nosotros cuando arrancamos teníamos la sede en la casilla del guardabarreras. Yo veo que ahora son como profesionales y los clubes no pueden pagar alambrado, lonas, pelotas… Además las ligas cobran mucho las inscripciones. Siento que de a poco se fue perdiendo el potrero. Antes donde había un poco de tierra se jugaba al fútbol”.

Con delegados de varios equipos, Acuña participó en la fundación de la Liga Independiente de Fútbol Infantil Platense Amateur (LIFIPA), pero nunca inscribió allí a sus chicos. “Cuando se armó LIFIPA me invitaron con mi club a participar pero no me gustó mucho porque empezaron a poner reglamentos para todo, pero no a favor sino todo en contra. Yo les dije que no, que quería jugar al fútbol. Igual estuve en la Federación Argentina de Deportes Infantiles que estaba bien organizada, o en la Comisión de deportes juvenil de la Policía Federal. Igual, donde yo me enteraba que había algo para los chicos ahí iba”.

EL RETIRO

Como todo en la vida, un día el incansable Andrés Acuña se retiró de lo que más amaba, el fútbol. Un día 23 de octubre de 1978 fue agasajado en el club Astillero Río Santiago con motivo de alejarse definitivamente del deporte, entregándole una plaqueta recordatoria.

Luego del alejamiento actuó en distintas instituciones: fue secretario de la Comisión Regional del Circulo Oficiales de Mar, Secretario en el Centro de Retirados de la Armada, colaboró en la Peña el Ombú y el Circulo Fragata Sarmiento entre otros, y fue el promotor y organizador de las reuniones anuales de sus ex compañeros de la infancia. El 20 de abril de 1996 organizó un almuerzo de camaradería a los fundadores de Flecha de Oro y el 13 de agosto del 2005 festejaron los 42 años de la fundación de Los Tehuelches.

En los ratos libres, Acuña recopiló el inmenso material que guardó de su adolescencia y de su trayectoria al frente de los equipos infantiles en 5 carpetas que llamó el “Arcón de los recuerdos”, el cual contiene algunos borradores de puño y letra, datos de partidos, listas de socios y actividades, fotografías y crónicas de aquella época. “Recuerdo todo como si fuera el primer día. Hubo un tiempo que dejé de mirar, me dolía mucho, me había dado cuenta que había pasado mucho tiempo. Un día me dije que tengo que sobreponerme a todo esto y empecé a recopilar todo lo que tenía, fotos, recortes… y formé cinco carpetas con toda mi vida, mis recuerdos”.

Actualmente Andrés Acuña sigue trabajando como empleado administrativo en una mutual y todas las tardes, cuando llega a casa donde lo espera su esposa y compañera de toda la vida María, hojea una a una cada página de su “arcón” y saborea uno a uno cada recuerdo. Escucha todavía el sonido del Ferrocarril Sud y el del tiento rebotando contra la tierra junto al grito de sus amigos.

“La historia de Flecha de Oro y de Tehuelches es la historia de muchos clubes que por esa época se divertían jugando al fútbol. Siempre cuando me encuentro con alguno de mis ex jugadores, yo ya nos los conozco porque son hombres y cuando los dejé eran todos pibes. Ellos me reconocen enseguida y me recuerdan y me recalcan que gracias a los viajes que yo conseguía, ellos habían podido conocer lugares como Punta del Este o Mar del Plata que ni sus padres los habían conocido. Esas son satisfacciones grandes. Uno sin darse cuenta ayudó a mejorar muchas vidas, todo lo que hacíamos lo hacíamos por los chicos”.